.
Una vez me hice amigo
de un chico que vendía agujas.
.
Bueno, no amigo,
eso sería exagerar,
pero hablamos un buen rato
y luego nos saludamos
un par de veces
casi siempre en la misma calle.
.
La calle en cuestión
se llamaba Tarapacá
-o Tarapallá, no recuerdo-
pero era la calle esa
donde estaba el Normandie
y el Normandie era el cine ese
donde en su entrada
uno pasaba horas y horas
hasta que reunías el dinero del boleto
y entonces te dirigías a tu asiento
que permanecía siempre vacío
-como si hubieses puesto sobre él
un cartel de reservado-.
.
Sin embargo,
yo les decía simplemente
-para resumir-
que una vez me hice amigo
de un chico que vendía agujas.
.
Pero entonces sucedió que un día
el chico aquel desapareció
o se pincho, no sé.
.
Quizá fue que se equivocó
al manipular la venta
y reventó como un globo
silencioso.
Pensaba.
.
Yo, por cierto, nunca tuve globos,
o no recuerdo al menos.
.
Bueno, para ser sincero,
una vez una polola se coló a mi pieza
para mi cumpleaños,
y cuando llegué encontré todo
lleno de globos azules.
.
Pero el caso es que pasó el tiempo
y los globos se desinflaron.
Y fueron quedando esparcidos por la pieza
sin que yo me atreviese a botarlos
o a darles una sepultura digna.
.
Y es que eso es lo malo de los globos:
si no se revientan
se ponen como señores viejos
y se empequeñecen y se arrugan
y hasta comienzan a esconderse en los rincones
como si quisiesen morir tranquilos.
.
Aunque para ser justo,
-pienso ahora-,
esto también nos sucede a nosotros
y no es ni por mucho
un fenómeno exclusivo de los señores globos.
.
Recuerdo también que una vez dibujé
-de pequeño-,
un montón de globos de colores
que habían ascendido hasta acostarse
en una nube,
boca abajo.
.
Quizá por eso me rodee de libros
y películas.
Porque creí que los libros no se desinflaban
ni reventaban
ni se iban apenas los soltabas,
como ocurría con los globos.
.
O sea, necesitan aire, claro,
o soplo más bien,
pero no hay peligro alguno
de que dejen de ser
aquello que son,
como ocurría con los globos
y las personas.
.
La desventaja de las personas,
además,
-y esta desventaja existe incluso
si las comparas con los globos-,
es que no siempre es fácil encontrarles la boquilla
por donde echarles aire dentro...
y además,
si inflas te desinflas
y luego ya ni quien te eche aire
y no se puede tampoco pedir de vuelta
ni hay reembolso posible...
.
¡Ah... me acordé!
Yo les hablaba de un chico que vendía agujas.
Disculpen que me distraiga...
¡Pero es que sé tan poco de él!
Entiendan que me disperse
y que me vaya por las ramas,
como el barón rampante.
.
El caso es que hoy en el forestal
hablé un rato con alguien
que me contó que había vendido agujas.
.
Además me dijo
que había conocido a un chico
que iba por las calles pinchando gente
para saber si eran globos,
y que se alegraba cada vez que alguno
gritaba o se enojaba
y se evitaba el reventar.
.
Y bueno,
como las coincidencias están de moda,
secedió que esta noche
mientras veia La ciudad de los niños perdidos
con mi hijo,
y afuera comenzaba a llover, un poquito,
metí una mano a mi bolsillo
y me pinché con una aguja...
y claro
no me reventé, de forma alguna.
.
Lo malo es que tampoco quiero tener
esa muerte de globo arrugado
y solitario.
.
La otra coincidencia es que acabo de darme cuenta -algo tarde-,
que el tipo de hoy en el forestal
era el mismo vendedor de antaño,
y claro,
el chico ese que andaba pinchando gente
y que se alegraba de que no reventasen
era yo, por supuesto,
aunque había olvidado esas andanzas extrañas
casi por completo.
.
sábado, 11 de diciembre de 2010
El chico que vendía agujas.
.
"No hay muerto para siempre"
R.L. Stevenson
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I
ResponderEliminarEl niño se llamaría Ramón?
Don Ramón?
yo una vez me lo encontré en una micro
también vendía agujas
y parece que también se pincho.
II
Chocale, yo hoy estuve en el forestal
y vi hartos globos
fui a lo del desfile navideño de globos gigantes
lo fome es que quedó la caga y "los globos se desinflaron!!!"
III
Saludos!!!