Míralos a ellos.
Pero míralos bien.
¿No te parece que saben algo que yo no sé?
Es decir, mírame a mí mirándolos a ellos, también, y luego dime si estoy en lo correcto.
O sea, sé que no es seguro, pero me refiero a tu impresión, al menos.
Y es que yo los observo desde hace un tiempo y esa es, sin duda, la sensación que me queda.
Que saben algo que desconozco, en principio, aunque luego hay más.
Algo en mí al apreciar lo anterior y comenzar a dudar de ello.
No de que sepan algo, en todo caso.
Lo que ocurre más bien es que dudo de aquello que saben.
Si es algo cierto, quiero decir, o si no lo es.
O en qué grado.
De hecho, viéndolo desde el lado positivo, a veces me pregunto si no están ellos engañados y yo no.
Engañados sabiendo eso equivocado que yo no sé, me refiero.
Disculpen que me enrede explicándolo, pero ciertamente me parece una cuestión válida.
Y es que no necesariamente saber algo más termina siendo algo bueno.
Tal vez, incluso, es posible que sepan algo que arruina algo.
Como cuando conoces de antemano el final de alguna peli, por ejemplo.
Además, está el asunto de si son conscientes de que saben algo que yo no sé.
O si tienen consciencia del saber que tienen, simplemente.
Por eso les pido que los miren.
No a la ligera, eso sí, sino atentamente.
Evalúen el panorama y de paso obsérvense ustedes también un poco.
Y analicen si de cierta forma son factor (o no) en todo esto.
No es que quiera obligarlos, pero creo que nunca está de más preguntarnos qué es lo que sabemos.
Háganlo si quieren, y después me cuentan.
Así, finalmente, yo los escucho un ratito. Y luego les digo lo que sé.
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