Los ancianos que lo vieron hoy apenas ven.
Cantaron himnos que hoy no solo no se cantan, sino que apenas se comprenden.
Así y todo, de vez en cuando, puedes oírlos cantar.
Cuesta hacerlo, es cierto, pues hoy llegan voces de todas partes.
Y eso confunde.
Para oírlos, te recomiendo centrarte en aquellas voces que no parecen decir nada.
Identifícalas como un color, si quieres, y podrás reconocerlas.
Además, al hacerlo, verás que se trata de un color anterior a todos los otros.
Y es que no ha sido mezclado, ese color, todavía.
Es crudo como la carne que aún no se arranca del cuerpo de esos mismos viejos.
Escucha cómo cantan, simplemente, y quédate así.
No escarbes en ellos buscando palabras o signos inteligibles.
No los descifres.
No calcules.
No los huelas.
Eso nunca realmente ha sido necesario.
Así suena la verdad, simplemente.
Así se percibe, aunque cause rechazo.
Lo puro también se descompone.
Se queja y gime y te culpa sin decirlo, porque no es necesario.
La voluntad se llena de gusanos.
Es cierto.
Los ancianos que lo vieron hoy apenas ven.
Pero los gusanos también nutren.
Nada atrapan los ojos lechosos, porque están llenos.
Todo va a morir, parecen decirte.
Y todo va a nacer.
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