domingo, 26 de julio de 2026

Dos o tres enfermedades.


Dos o tres enfermedades.

Eso es lo que tengo.

Da lo mismo el nombre y la gravedad de todas esas mierdas.

A mí me importa el número.

Y eso es lo que exijo a los médicos.

Dejo que me den tratamientos, es cierto, pero luego no los sigo.

Una vez tuve siete enfermedades y tampoco tomé ninguno.

Ahora me dicen que dos o tres, simplemente.

Y yo insisto.

Me molesto incluso, porque no puedo entender la negligencia del diagnóstico.

¿Dos o tres, doctor?, le pregunto.

Y el puto doctor dice que no puede decirlo bien, y que lo importante es otra cosa.

¡Qué mierda va a saber ese médico culiao!

¿Cómo chucha va a saber qué mierda es lo importante?

No se lo digo así, por supuesto, porque trato de contenerme.

Pero igualmente me desbordo:

¿Dos o tres y no puedes decirlo…?

¿Me he hecho como veinte exámenes y no puede decirlo?

El doctor me mira como consultándome qué hacer.

Luego se acomoda en la silla y me habla, con tono extraño.

Si quiere le digo dos, me dice.

O tres, si lo prefiere.

Yo le digo entonces que quiero la verdad, simplemente.

Y le explico que un número es el camino más breve para acercarse a ella.

Para y volverlo objetivo.

Al final el tipo llena una ficha en silencio mientras yo permanezco ahí.

Luego me entrega una receta diagnóstica y me despide.

Dos, dice.

Y yo agradezco, aliviado.

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