A menudo cuento los escalones cuando subo.
Nunca cuando bajo.
Pensé que solo lo hacía yo, pero he descubierto que es algo común, hasta cierto punto.
Incluso se han hecho estudios sobre eso y buscando en internet los he encontrado.
No son estudios dedicados a ese hecho, en específico, pero lo abordan dentro de su corpus.
En uno, por ejemplo, se planteaba una asociación entre el esfuerzo que supone subir y la correlación numérica positiva.
Mientras que, al bajar, ocurriría todo lo contrario.
El otro informe hablaba de las distintas zonas del cerebro que se activan cuando subimos y bajamos escalones.
Eso como un mero acercamiento, por supuesto, pues el estudio estaba en alemán y la traducción automática no funcionó muy bien.
Más allá de eso, lo que quería plantear es que nunca coinciden mis cuentas, cuando registro los escalones.
O no dos veces seguidas, al menos.
Me refiero a que un día puedo contar treinta y al otro veintisiete.
Y luego veintinueve, treinta y uno, veintiséis o nuevamente treinta.
La otra vez hasta bajé para contar de nuevo y volvieron a fallar las cifras.
En eso estaba, por cierto, cuando una chica me preguntó qué estaba haciendo.
Y claro, yo me avergoncé un poco, pero al final se lo dije.
Ella se rio y se ofreció a subir conmigo y a contar cada uno por su cuenta.
Finalmente yo dije veintinueve y ella treinta y uno.
Tal vez lo que pasa es que no llegamos al mismo sitio, me dijo.
Sonrió entonces de forma despreocupada y se despidió, diciendo que debía bajar nuevamente.
Nunca llegamos al mismo sitio, repetí yo, mentalmente, mientras la observaba bajar.
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