miércoles, 22 de julio de 2026

222


Tengo dos diarios, me dijo. Uno para la verdad y otro para la mentira. Por años tuve solo uno, pero siempre terminaban quedando cosas fuera. Así fue pasando el tiempo hasta que un día me di cuenta que podía tener dos. Un diario para la verdad y otro para la mentira, como te decía recién. Apenas se me ocurrió aquello comencé a comprobar mi teoría y entonces ratifiqué que en esos diarios cabía todo. Nada quedaba fuera, quiero decir. Nada de mí, ni de mi experiencia, ni de lo que creía ser, aunque no lo fuese realmente. Es cierto que en ocasiones debía pensar un poco en cuál de los dos diarios anotar algo, pero esa era a fin de cuentas la única dificultad. En ellos podía anotar todo, y eso era lo importante. Sentía que lo debía hacer, incluso, como si se tratase ahora de mi responsabilidad. Esto que te digo ahora, por ejemplo, debiese estar escrito en uno de ellos. Terminar estándolo, quiero decir, luego que terminemos de hablar. Aunque claro, dependiendo del diario en que termine escribiéndolo podría cambiar todo. No el enfoque simplemente sino la naturaleza misma de la cosa registrada. Tú mismo, por ejemplo, podrías terminar en uno de esos diarios. En uno, quiero decir, pero no en ambos. Supongo que me entiendes, dijo.

Y yo asentí.

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