viernes, 3 de julio de 2026

Un temblor pequeño.


En una parte tuya
algo tiembla.

Como cuando la casa suena
estando sola
y no sabemos por qué.

Un temblor pequeño, en cualquier caso.

Igual que los sonidos de la casa.

Algo que brilla levemente y casi de inmediato
se apaga.

Una chispa, apenas.

Una vida breve
o que no alcanzó a ser.

Como la historia del templo
que había quedado a medio construir,
porque la fe abandonó de un momento a otro
a los creyentes.

¡Qué bello espectáculo
el de las cosas sin terminar…!

Y cuánta honestidad cuando aprendemos
que lo que llamamos voluntad
es casi siempre desesperación.

Una vez tú mismo lo dijiste
más o menos de esa forma.

Todo está prácticamente vacío,
fue lo que dijiste.

Estamos desperdigados en nosotros mismos,
me pareció escuchar.

Fue esa vez que leímos sobre el cálculo
que hacían sobre el verdadero espacio
que ocupa la materia de un hombre.

Y reímos de lo absurdo
que parecía.


Otros temblores, ciertamente,
eran esos.


Hoy todo está
desconectado.

Cada temblor
es independiente.

Y los sonidos
de la casa vacía
nada tienen que ver
unos con otros.

Así,
resulta ser que todo se reduce
a tres simples hechos.

O imágenes, si quieres:

Un temblor extraño.

Una chispa.

Y un templo a medio terminar.

Ah… se me olvidaba…

Y un corazón lleno de grillos.

Que no cantan.

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