jueves, 23 de abril de 2026

Junto a la ventana.



Noté que le gustaba quedarse junto a la ventana y fingir que estaba mirando fuera.

O sea, no sé si fingir en realidad, pero sé que al menos no miraba fuera, mientras parecía hacerlo.

Y es que desde el ángulo en que se ponía, en el instante en que observaba, se veía en realidad un reflejo.

Lo comprobé yo mismo, reemplazándola en el lugar, en una ocasión en que no estuvo.

Luego comprobé, durante varios días, que la posición que tomaba junto a la ventana a esa hora determinada, era la que yo había tomado.

Fue entonces que decidí mostrarle mi descubrimiento.

-Siempre haces lo mismo a esta hora –le dije, y ella no lo negó-. Te paras junto a la ventana y pareces observar fuera, pero desde el ángulo en que estás y con la luz que suele haber en ese momento, solo se ven reflejos... Si quieres intercambiamos y te lo demuestro de inmediato.

-No es necesario intercambiar –me dijo-. Reconozco que es cierto.

Luego de esto nos quedamos en silencio.

Me di cuenta que se lo dije más como un reproche que como una simple observación.

Y que al hablarle usé un tono poco amistoso, asumiendo que ella había querido engañarme.

-Igual les pasa a todos –me dijo-. Uno cree que mira afuera cuando en realidad no es así. Tú mismo ahora, si lo piensas… observando mi comportamiento.

Y claro, yo pensé entonces en lo que decía y debí aceptar que, al menos, parecía ser cierto.

Luego, extrañamente, pensé en usted, como lector, y me prometí buscar una manera neutra y no muy compleja, de poder decírselo.

Conté hasta diez, entonces, y luego le conté esto.

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