lunes, 13 de abril de 2026

Después que me ducho me lleno de hormigas.


“Pero ahora resulta que no,
que mi atención no está en lo que tengo
delante de mis ojos”
N. R. B.

I.

Después que me ducho me lleno de hormigas.

O sea, no sé si me lleno después, pero al menos es entonces cuando me percato.

No son muchas, pero las siento por mi cuerpo.

Y claro, no es solo una sensación, pues luego las descubro.

Algunas por los brazos, otra en un pie, alguna por el cuello o trepando por una de las piernas.

Intento explicármelo, pero solo consigo hipótesis absurdas.

Tal vez se esconden en mis poros, me digo, y con el calor del agua esos poros se dilatan, y es entonces cuando ellas salen a la superficie.

Y es extraño, pero cuando lo pienso de esa forma, entiendo que yo soy la superficie.

O que lo es mi piel, al menos.

En este sentido, no sería tan aventurado asumir que soy una especie de hormiguero.

Pero claro… ¿hay alguien que sepa lo que es?


II.

Resulta que no.

Casi todas las preguntas debiesen responderse con un no.

Y es que lo que se afirma, o se entiende por verdadero, no debiese siquiera ser preguntado.

Tus ojos lo ven, de hecho, ahí delante.

No estás atento, probablemente, pero lo ves.

Igual que a las hormigas por la piel, luego que terminas de ducharte.

Y así, de pronto, ya no sabes.

Si hacia fuera o hacia dentro miran los ojos, o la piel.

Una vez, solamente, dijiste la verdad y no supiste qué decías ni a quién.

Y es extraño…

Mi atención no está en lo que tengo, delante de mis ojos.

Además, si te fijas, creo que ya sabes dónde está.

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