martes, 3 de noviembre de 2026

La ventana abierta.


Ves por la ventana abierta acercarse unas figuras, igualito que en cuento ese, de Saki,

Esta vez no vienen sucios, luego de cazar, sino pulcramente vestidos, cargando cada uno algo pequeño, en sus brazos.

Así, a medida que se acercan, la ventana parece agrandarse más, por lo que podría ocurrir que no solo los vieses llegar a través de ella, sino que ahora es posible que su ingreso sea a través de esa ventana, si se animan a hacerlo.

Ya a unos pasos, comienzas a reconocer sus rostros, aunque te sorprendes más al descubrir qué es aquello que cargan, en sus brazos.

-Solo uno está vivo -te dicen, refiriéndose a los bebés-. Tú debes decidir a cuál quieres acercarte.

Esto te lo dicen, por cierto, desde el otro lado de la ventana. Quietos, ahora, como si se formasen ahora parte de un cuadro.

Y claro, es ahora cuando comienzas a ordenar todo y recuerdas -apenas-, el cuento ese de Saki y te dices que a diferencia de lo que ocurre en él, tú no eras consciente de esperar algo. Y menos aún de decidir no a qué acercarte, sino más bien qué dejar definitivamente atrás.

-No puedes seguir sin elegir -dicen ahora, como si hubiese pasado un largo tiempo-. Todo va a ocurrir igualmente.

Cierras lo ojos al escuchar esto.

Algo se aprieta, en el pecho.

No importa si no es justo, te dices.

Va a doler igual.

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