miércoles, 17 de junio de 2026

Quería perdonar a alguien ese día.


Quería perdonar a alguien ese día. Lo quería con ansias, pero no se me dio. Lo había querido desde que leí sobre los beneficios que trae consigo perdonar las ofensas de algún otro. Lo leí en un artículo que, a partir del análisis de la oración del padrenuestro, profundizaba sobre este tema. Con evidencia científica, por supuesto, profundizaba, no meramente desde lo ético o moral. Y claro, como en mi fuero interno me sentía indudablemente ofendido, asumí que alguien –evidentemente- me había ofendido y que yo podía buscarlo, encontrarlo y perdonarlo.

Según el artículo, al hacerlo sentiría alivio fisiológico concreto (reducción de niveles de cortisol y baja de presión arterial), disminuiría la actividad ansiosa de la amígdala, liberaría oxitocina y otros neurotransmisores asociados a la calma y el equilibrio, y hasta era probable que en mi cerebro se realizase una reconfiguración cognitiva, a partir de reprocesamiento del recuerdo y una disminución del grado ansioso asociado a la distensión originada por el acto del perdón.

Solo faltaba entonces reconocer a quién me había ofendido e ir en su búsqueda. Me puse a ello entonces con gran entusiasmo. Repasé mis heridas. Hurgué en el daño, digamos. Levanté capas y capas de piel ofendida y fueron apareciendo nombres que, sin embargo, tachaba casi de inmediato. Tomé apuntes. Hice diagramas. Busqué lo que podría denominarse como la raíz de toda ofensa. Pero nada. No encontré nada. O sea, encontré daño, pero un alguien específico a quien perdonar.

Artículo de mierda, me dije. Cuántas expectativas y al final todo era, de cierta forma un engaño.

Busqué entonces al autor de aquel artículo, pero no aparecía. Tampoco es que me naciera perdonarlo de buenas a primeras, pero no olvidaba que la recompensa era alta. Quería querer perdonarlo, digamos, pero además no había nombre alguno. Intenté comunicarme con el medio que había difundido el artículo y no me contestaron.

¿Otra ofensa?, pensé entonces. ¿Se vale si perdono al medio que difundió el artículo ese…?

Pero no. Intenté hacerlo, pero todo era muy abstracto y sentí que para perdonar necesitaba un rostro. Lo necesito aún, de hecho.

Por lo mismo, si alguien cree que me ofendió –y tiene rostro-, comuníquese conmigo directamente, o hágamelo saber de algún modo.

Habrá ganancias para ambos: usted se quita la culpa y yo recibo algunos beneficios.

Todos ganan, después de todo.

Por una vez, al menos, todos ganan.

Yo y ustedes, ganamos.

No sé.

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