miércoles, 1 de julio de 2026

A primera hora.


I.

Salgo a primera hora
a esperar el autobús.

Casi nunca espero
más de diez o doce minutos.

Desinstalé hace semanas
la aplicación para saber
a qué distancia viene.

Como la miraba solamente
cuando ya estaba en la parada
era como saber antes de tiempo
lo inevitable.

No tiene tanta gracia.


II.

No llega el autobús.

Como todavía no amanece
cuando estoy en la parada,
leer el libro que llevo
me cuesta un poco.

De hecho,
me alejo unos pasos del lugar,
Para ponerme bajo un faro.

Esta vez leía uno de Takeshi Kaiko.

Tinieblas de un verano.


III.

Amanece mientras leo
y el autobús no pasa.

Pienso preguntarle a alguien,
pero siempre este lugar
está vacío.

Nadie más espera
en este paradero,
salvo yo.

Por eso,
para llegar a él,
tomo un desvío.


IV.

Decido regresar a casa,
finalmente.

Pude caminar hasta el metro,
es cierto,
pero decidí no hacerlo.

Por el camino vuelvo a desviarme
y termino comprando
algo para comer.

En esa plaza de ahí, me digo,
voy a comer esto con calma
y terminar el libro de Takeshi Kaiko.

Horas después, lo termino.

Del trabajo no me respondieron nada
cuando avisé que no iba a trabajar.


V.

He caminado tanto
que ni siquiera sé muy bien
dónde me encuentro.

Además,
está empezando a oscurecer.

Las personas que regresan del trabajo
caminan lento.

A veces paran,
en algún negocio,
a comprar.

Luego dejan de verse esas personas.

Y cierran los negocios.


VI.

Ya es de noche
y aún no llego a casa.

Cuando ya estoy cerca
me detengo un último momento,
para observar el cielo.

Estoy seguro de que,
por aquí, más o menos,
había una constelación,
me digo.

No puede haberse ido.

Pero no está.

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales