lunes, 4 de mayo de 2026

Pregunto si los discos son iguales.


I.

Le pregunto a la vendedora si los discos son iguales. Porque fui a retirar uno que ya pagué y de pronto descubro que hay otro igual, pero más barato. Así que entonces le pregunto si mi observación es cierta, pero dice que no. Que sellados puede parecer que sí, pero al final no, porque el que ya he pagado es de color y el otro es negro. Negro clásico, me dice. En cambio, el que usted compro es de color. Tras esto, me dedico a comprobar las cualidades físicas de ambos y descubro que son exactamente lo mismo. O sea, no por el color –en eso la vendedora tenía razón-, sino en el peso, la calidad… y todo lo que se relaciona con el disco mismo: su calidad técnica, su contenido, su sonido final.


II.

No, me dice, ante mi pregunta. No puede devolverlo y llevar el otro y gastar luego la diferencia a su favor. Puede cambiarlo por otro, pero no por ese que son el mismo. O sea, el mismo título. El programa de devoluciones y compras lo rechaza. Tendría que llevar otro me dice. Otro distinto.


III.

Pensé en alegar, pero al final no lo hice. Igual podía cambiarlo por otro título y luego volver a cambiarlo por el mismo, pero de otro color y más barato. O sea, no el mismo, desde el color. Eso hice, por cierto, luego de un rato. Entonces la vendedora se molestó y dijo que todo era una pérdida de tiempo y que si había una intención de estafar a la empresa ella bien podía negarse a realizar lo que le pedía y hasta denunciarme, si insistía. Finalmente, sin embargo, ella validó mi sistema y no tuve más problemas. Así y todo, me quedé pensando en el asunto ese de si eran o no iguales los discos e intenté, infructuosamente, llegar a una conclusión. Cuando salí de la tienda ya estaba oscureciendo y el cielo tenía tonos rojizos. Lo observé un rato para pensaba si era correcto decir que era otro o el mismo cielo, mientras este seguía cambiando. No llegué, según recuerdo, a ninguna conclusión clara.

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