I.
Vi que varios tipos estaban pegándole a alguien así que me acerqué unos pasos.
Le lanzaban cosas, lo pateaban y de vez en cuando alguien le lanzaba también un puño, hacia abajo, cuando el otro se intentaba arrancar.
No iba a dejar mi posición de espectador hasta que me fijé en la figura que recibía los golpes y me pareció un niño.
Entonces, con bastante miedo de por medio me acerqué un poco más y les grité que se alejaran, que lo dejaran en paz.
Incluso recuerdo que tomé a un tipo y lo lancé hacia atrás.
Luego recibí unos golpes y no recuerdo mucho más, hasta que me sentaron y alguien me entregó un paño y una botella de agua, no sé bien para qué.
II.
No resultó ser un niño, al final.
O eso me dijeron, al menos.
Se trataba de un enano pirómano que hacía meses rondaba el lugar.
Se lo entregaron a la policía luego de la golpiza y a mi me dejaron a un lado pues entendieron mi confusión.
-Igual te pegamos un poco porque pensamos que eras cómplice -me dijeron.
Y yo los perdoné, pues entendí la situación.
III.
No me dolió perdonar, pero sí me dolió el cuerpo por varias semanas.
En general solo por contusiones, pero encontraron fisuras en dos costillas y eso se complicó un poco.
Por otro lado, para comprobar la historia me puse a googlear y descubrí que el enano pirómano era reincidente.
Incluso encontré unas declaraciones suyas que realizó en el contexto de un juicio anterior.
Si no hubiese sido enano no habría sido pirómano, dijo en esa ocasión.
El enano, por cierto, se llamaba Abel y en la foto tenía un bigote chistoso y un brazo vendado pues había resultado quemado.
Estaba buscando el modo de arreglar las cosas, dijo también, cuando se le pidió explicar sus motivos.
En total ha quemado dos iglesias (parcialmente), un kiosco en el que se hacían copias de llaves, dos o tres árboles de un parque, un furgón escolar (vacío) y más de diez basureros comunitarios.
Nunca llegué a conocerlo.