martes, 3 de marzo de 2026

Dos o tres sonámbulos allá afuera.



P. abrió la puerta para que entrara el aire, pero el aire no entró.

Lo veíamos por la ventana allá afuera yendo de un lado a otro. Incluso moviendo levemente algunas ramas.

-Es como cuando fuimos a pescar y los peces saltaban por todo el lago –dijo P.-, pero no picaban nunca… ¿te acuerdas?

Yo asentí.

Iba a decir algo más, pero era tanto el calor, que al parecer las palabras se evaporaban de mi boca.

Sublimación, creo que se llama, pensé.

Seguimos así, en silencio, durante un largo rato, hasta que el calor empezó a ceder.

Poco a poco, a medida que atardecía y el sol comenzaba a ocultarse.

-Estaba ahogado –le dije a P.- Me había asustado en serio.

P. ni siquiera me contestó.

Estaba concentrado mirando hacia afuera.

-Ayer como a esta hora vi a dos sonámbulos en la calle –dijo P.-. Estaban caminando tranquilos, muy cerca el uno del otro.

-¿Interactúan entre ellos los sonámbulos? –pregunté.

-No, para nada –contestó-, solo coincidieron en la calle al mismo tiempo… dos o tres sonámbulos, como te decía.

Intenté imaginar la situación.

Solo conseguía visualizar a dos o tres tipos en pijama caminando con los brazos extendidos hacia adelante.

Pero el hecho, por supuesto, no había ocurrido así.

-¿Cómo sabes que son sonámbulos? –pregunté-. O sea, ¿hacen algo especial ellos?

-No hacen mucho –contestó P-, pero se les nota que no están despiertos. Yo creo que es por el calor…

-Puede ser –le digo- Hace días que está igual…

Seguimos así, intercambiando algunas frases y despertando poco a poco.

Saliendo a la superficie, más bien.

Cuando ya estuvimos mejor, P. me preguntó si quería acompañarlo a buscar a los sonámbulos.

-¿A los dos o tres que viste ayer? –pregunté.

-Sí, a esos –confirmó.

Estaba oscuro cuando salimos a buscarlos.

P. Iba alumbrando únicamente con la luz de su celular, porque el mío lo había dejado olvidado.

Minutos después, nos detuvimos pues nos pareció ver en la distancia a esos dos o tres sonámbulos.

Eran un poco como nosotros, recuerdo haber pensado, caminando en medio de la noche.

-¿Vamos a despertarlos? –me preguntó P.

-Puede ser –le dije, no muy convencido.

Minutos después, sin embargo, fueron ellos los que se acercaron hacia donde estábamos nosotros.

-Creo saber qué quieren –le dije a P.

Él no respondió.

Entonces, tras mirar en varias direcciones, me percaté que ya no estaba.

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