sábado, 20 de diciembre de 2025

Interiores.


El otro día escuché a un predicador tartamudo que hablaba sobre Jonás, al interior de la ballena.

O sea, no me detuve totalmente para oírlo, pero lo escuché al pasar y me llamó la atención.

Había dos o tres personas escuchándolo, según recuerdo, una de las cuáles no cuenta porque era un chico que estaba grabándolo con su celular mientras reía, posiblemente para subirlo a redes.

-Jo Jo… Jo Jonás comprendió tarde –decía-. Te te… te te… te tenía que haber pre pre predicado desde de de… desde dentro de la ballena…

Eso fue lo primero que escuché. Todo dicho con voz entrecortada, por cierto, pero fuerte. Con énfasis en cada una de las frases que lograba articular.

-No no… no salir al mundo… -siguió diciendo-, po por… po porque el mundo… po porque el mundo está en la ballena… al in… al in… al interior de la ballena…

Cuando lograba terminar una frase larga, se detenía unos segundos para respirar hondo y volver a tomar aire. Como si estuviese bajo el agua y subiese a la superficie, para luego volver a bajar.

Siguió entonces el predicador con su prédica y solo cuando me hube alejado lo suficiente para dejar de escucharlo, me llamó la atención ya no la forma, sino lo que el tipo había dicho.

De cualquier modo, seguí avanzando, intentando pensar en otra, mientras sentía un ligero olor a pescado en el ambiente.

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