viernes, 6 de noviembre de 2026

Las derrotas pasadas de los macedonios.

“Al mismo tiempo,
Crátero se presentó en Macedonia desde Cilicia
para ayudar a los hombres de Antípatro y compensar así
las derrotas pasadas de los macedonios”.
Diodoro de Sicilia


Logras huir, pero apenas.

Tan disminuido que piensas que esa ha sido la gran derrota.

No solo la muerte, digamos, que vino a llevarse a los tuyos.

No solo ella sino también el dolor que se esparce en el lugar como si fuese humo.

Humo espeso en todo caso, que se estanca en el mundo como si fuese el mundo.

Y que se pega en tus órganos, de paso, tras haberlo respirado.

Todo eso, piensas, ha sido la gran derrota.

Esa a la que llegaste tras huir, de otras derrotas más pequeñas.

De igual modo, te dices, no es que tuvieras otra opción.

Y es que huir y enfrentarse, son a veces la misma cosa.

Duelen igual, de hecho.

Y te arrepientes de ambas.

No hay voces que resuenen allá dentro.

No hay nombres.

No hay signo alguno.

Una columna, simplemente, que eres tú y que nunca pensaste que permanecía erguida.

Logras huir, decía, y de pronto te encuentras ante ella.

En medio de eso que has considerado como la mayor derrota.

Y claro, tienes el corazón lleno de macedonios tristes.

No es tu culpa.

Ellos se refugiaron ahí igual que tú lo hiciste cuando lo sentiste necesario.

Un día, tal vez, sentirás alegría al recordar todo esto.

Y le entregaras al niño que fuiste un globo, que él dejará partir.

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