V. 1:
Una bolsa plástica común, de las de antaño, se eleva y se desplaza a partir de una ráfaga de viento. Pasa cerca de un rostro que parece asombrado y hasta un tanto asustado, tal vez, por la sorpresa. No sabemos quién esquivó a quién, pero no se tocan finalmente. El hombre se voltea para ver la bolsa seguir su vuelo y la bolsa parece voltearse también, mientras sigue su camino. No sabemos quién dejó de observar al otro primero, pero intuimos que ambos se olvidaron del asunto. O se olvidarán, tarde o temprano.
V. 2:
Está vacía la bolsa, arrojada ahí. Cuando de pronto ya no quiere estarlo. Por eso apenas siente un poco de viento cerca suyo se esfuerza y se expone un poco para que el viento la lleve. Son pocas las bolsas que hacen esto. La mayoría prefiere un peso que la mantenga en un mismo sitio, más segura. Por eso sorprende un poco que la bolsa se eleve y tome velocidad y no parezca querer detenerse. Y que esquive incluso cuando pasa frente seres y cosas que parecen sorprenderse también de verla. Pobrecita, dirán algunos. Cuando el viento la abandone estará estropeada y se dará cuenta que no eligió nunca dónde ir. Pobrecita.
V. 3.
No sé de lo que hablo, en ocasiones, pero sé que describo lo que veo. En este caso una bolsa que se eleva y avanza movida por el viento. Es una bolsa plástica, semitransparente, de un tono ligeramente azulado. No pasa cerca de mí, pero gracias a eso puedo ver toda su trayectoria. Desde que fue levantada, prácticamente, hasta su última detención. Entre tanto, pasa también la bolsa muy cerca de un transeúnte que voltea a verla sin entender lo que ha ocurrido. Casi un accidente, tal vez, aunque finalmente no da siquiera para una anécdota que contar. Eso para el transeúnte, claro, pues imagino que para la bolsa es toda una odisea. Incluida la última detención que realiza tras engancharse en un palo que está en la parte alta de un lugar. Ahí, por cierto, como el viento sigue la bolsa sigue agitándose y ondea. Como una bandera, me imagino. Una bandera secreta de una nación secreta y más antigua que existe desde antes en este lugar. Desde antes que aprendamos otros nombres, quiero decir. Y aprendamos también otras formas de estar y existir entra las cosas. Entre los otros y las cosas, en realidad. Sin comprender realmente qué nos pasa.