Entramos a un edificio antiguo, abandonado, en el que por décadas había funcionado un museo.
En él, se habían expuesto pinturas principalmente del siglo XVIII hasta el principio del XX, pero ahora se encontraba totalmente vacío.
El edifico tenía algunos daños estructurales, ciertamente, pero su interior no estaba tan destruido como podría pensarse al verlo desde fuera.
Pensábamos hacer un recorrido breve y tomar algunas fotos, pero finalmente nos quedamos ahí por casi siete días.
Por las mañanas, la luz del sol entraba por las ventanas rotas, en lo alto, y el lugar se iluminaba completamente.
Como yo me despertaba antes, cada mañana me ponía a recorrer el lugar, mirando las paredes donde habían estado colgados los distintos cuadros.
En las paredes, por cierto, habían quedados las marcas de los lugares donde habían estado los cuadros, por lo que uno podía quedarse largo tiempo observándolos, como si del cuadro real se tratase.
-¿Para qué haces eso? –me preguntó ella una vez que me descubrió mirando la marca del cuadro en la pared vacía.
Yo pensé en qué decirle, pero finalmente solo levanté los hombros.
Luego seguí el recorrido.
Noté que a veces, a un costado de las marcas de los cuadros, quedaba un recuadro en el que se indicaba el cuadro que había estado expuesto.
-Aquí había uno de Berthe Morisot –le dije, indicándole el lugar.
La luz del sol llegaba casi exactamente al recuadro en el que debía haber estado esa pintura.
-Parece que era un cuadro pequeño –dijo ella, acercándose a mirar.
Yo asentí.
Sin hablar, nos quedamos frente a esa marca, hasta que la luz del sol se desplazó un poco.
-¿Sabes que hay que decidir unas cuántas cosas, cierto? –me preguntó entonces.
-Sí –le dije.
Entonces ella volvió al lugar que habíamos escogido para dormir, mientras yo seguí recorriendo, observando las marcas en las paredes.
Sé que suena estúpido, pero debo confesar que me emocioné hasta las lágrimas frente a una de las marcas que había dejado uno de los cuadros.
Aparentemente, había sido una de las pinturas más grandes que se expuso en el lugar.
Ocupaba prácticamente toda la pared de una de las salas.
-¿Y qué cuadro era el que había estado ahí? –me preguntaron años después, cuando le conté la historia a alguien.
-Nunca lo supe –le dije-. No había referencias sobre ese espacio.
Era cierto.
Cuando estuve ahí solo fui recorriendo poco a poco el espacio del cuadro, imaginando una a una las pinceladas necesarias para llegar a pintar algo así.
-¿Y los echaron, al final? –me pregunta.
-Tuvimos que irnos pues teníamos pasajes para viajar a otro sitio –le miento.
Luego nos quedamos en silencio.
Desconozco si aquel lugar ha sido demolido totalmente, en los últimos años.