sábado, 17 de octubre de 2026

Un escenario.


El escenario es grande.

Extenso.

No lo digo como queja, en todo caso.

Me refiero a que la idea fue esa desde un principio.

Así se pensó el diseño, quiero decir.

Hacer el escenario tan amplio para confundir un poco.

Para que el artista no supiese si había logrado, por ejemplo, salir de él.

Porque el ingreso se sabe, se reconoce… no hay cómo evitarlo.

Pero una vez ahí va pasando el tiempo y de pronto te confundes y hasta a veces te olvidas.

Sigues actuando, en otras palabras, pero poco a poco vas cediendo.

Dudando porque tal vez no supiste y ya bajaste o la función simplemente terminó.

Así, llegas incluso a cuestionar si subiste al escenario alguna vez.

O dudas si el lugar donde te encuentras es, como creías, un escenario.

Por otro lado, las luces que lo rodean siguen cegando un poco.

Por lo mismo, resulta imposible asegurar que hay público presente.

Y como tampoco hay ruido es imposible comprobar si el espectáculo se ha hecho, finalmente, para nadie.

A pesar de esto, cuando te observo, valoro que no te desanimas totalmente.

Aprecio que busques darte fuerzas, me refiero, para no caer derrotada.

Repasas las líneas, los movimientos y sigues en ello hasta que puedes.

Después de todo, el escenario es grande, y puede ser que todavía te encuentres sobre él.

Así, ocurrirá que olvidarás tu nombre, incluso, pero no el lugar asignado.

Y todo será tan breve y reiterado, que pasará a ser eterno.

O casi.

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