miércoles, 21 de octubre de 2026

Vi brillar el bosque y no hubo fuego.


I.

Vi brillar el bosque y no hubo fuego.

Agua sí y algo así como cristales que se adherían a las cosas.

Alguien que andaba por ahí se acercó y me dijo que era mi vista lo que traía los cristales.

El bosque que no observas está oscuro, me dijo.

Existe, eso sí, pero no brilla en lo absoluto.


II.

La persona que me habló también brillaba, pero de otra forma.

No podías verla bien, pues parecía estar oculta tras un velo de cristales.

Entonces, la escuché decir que era la encargada del bosque durante los días de lluvia.

¿Acaso está lloviendo?, pregunté, sorprendido.

No me respondió.

Por lo mismo, buscando una respuesta, ocurrió poco después que alcé la vista, y sentí las gotas caer sobre mi rostro.

Me quedé absorto hasta que un ruido quiso recordarme algo.

Algo como un motor, se escuchó a lo lejos.


III.

Lo que vino a mi memoria fue un recuerdo de pequeño.

Una caja de madera llena de motores metálicos, para vehículos de juguete.

No sonaban, esos motores, o prácticamente no lo hacían.

Puedes dejar de escuchar el ruido, dijo entonces la que estaba junto a mí.

Para existir el bosque no necesita motores.

Pensé que tenía razón y quise concentrarme nuevamente en el brillo del bosque.

Por suerte no era tarde para hacerlo.

Vi brillar el bosque y no hubo fuego, escribí entonces.

Y luego llegué hasta acá.

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