martes, 22 de septiembre de 2026

Lo que ocurre cuando estás fuera.


I.

Apenas estuve fuera una semana.

Así y todo, cuando vuelvo, me encuentro con que han arrancado el árbol, sin decirme nada.

Me lo cuentan tranquilos, cuando observo el lugar vacío donde el árbol debería estar.

Me muestro molesto, mientras hablan.

Estaba muerto desde hacía años, dice alguien, en medio de otro comentario.

Yo, por cierto, no lo sabía.

Finjo entonces que el problema es otro.

Claro que estaba muerto, digo, pero estaba aquí.

Ellos me miran, entonces, por si agrego algo más.

No lo hago.


II.

Ya a solas, comienzo a dudar si el árbol estaba realmente muerto.

O sea, ellos se mostraban seguros, pero bien podrían haberse confabulado.

Después de todo yo recordaba haber regado de vez en cuando aquel árbol.

Y no me parecía muerto.

Debería haber olido como árbol muerto si estaba muerto, me gustaría reclamar.

Pero no sé a quién.


III.

Estuve fuera una semana y de regreso habían arrancado un árbol.

Puede ser un hecho fortuito, es cierto, pero me inquieta de igual forma.

Es decir… ¿qué otras cosas van a arrancar si se me ocurre volver a salir?

Observo mi entorno para ver si hay algo que esté muerto, sin que yo lo sepa.

Me concentro mientras miro, pero no se me ocurre qué.

Finalmente, me convenzo de que todo parece estar bien.

Lo que debe estar vivo está vivo, me digo.

La próxima vez, no me van a engañar.

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