lunes, 6 de abril de 2026

El peor golfista del mundo.



Al principio me pareció chistoso, o parte de una broma.

Luego, sin embargo, debo admitir que lo admiré sin reparos.

Se trataba del peor golfista del mundo, según lo documentaba incluso los records Guinness.

Era el peor golfista del mundo y estaba ahí, bebiendo con nosotros e intentando mantener una conversación fluida en un español que él estaba aprendiendo desde hacía años, aunque sin alcanzar –todavía-, un éxito destacado.

A partir de lo que dijo comprendí que su última –y única- participación en un torneo oficial, había sido fruto de una invitación que tuvo hacía cuatro años, en un torneo de la LIV Golf League, en Arabia Saudita, justamente luego de haber salido en tv por tener el récord Guinness.

Lo habían invitado como un personaje freak, me explicó un amigo que era parte del grupo, como una especie de maniobra publicitaria que les terminó ocasionando problemas.

-No podía avanzar torneo porque tenían que esperar –nos dijo el peor golfista del mundo-. Reglas de problemas. Torneo en espera dos días para que yo completase un juego. Al final echó de mal forma y abogado de mí demandó y ganamos veinte.

-¿Veinte qué? –pregunté.

-Veinte millones –nos dijo-. De dólares. Treintaiséis real, pero impuestos. Y abogado.

Y claro, fue entonces que percibí que los otros empezaron a admirarlo y a pedir tragos más caros, directamente, bromeando sobre que él debía pagar la cuenta.

Él se veía alegre, pero se notaba que no le interesaba hablar de golf ni de su récord ni de dinero.

A mí por ejemplo, me pidió el libro que llevaba en la mano, para ver de qué trataba. Y lo estuvo hojeando un buen rato.

Era una novela gráfica de Daniel Clowes, según recuerdo.

Mientras la veía, yo lo observaba y pensaba que ser el peor golfista del mundo era de cierta forma un reconocimiento a la constancia. Y que la posible vergüenza de ser el peor en ese ámbito se compensa con ser el más tenaz y persistente en su trabajo.

Su récord documentado, por cierto, era de 49.094 golpes en 118 días para completar los dieciocho hoyos de un circuito de golf en Canadá. Un promedio de más de 416 golpes por cada hoyo logrado.

-Yo ya leer esto –me dijo de pronto devolviéndome el libro-. Antes de ser yo, yo antes leer esto.

-Entiendo –le dije.

Me lo devolvió con cuidado y luego habló un poco más con los otros, antes de irse.

Antes de hacerlo, pagó su consumo, pero no el de nosotros.

Afortunadamente, yo solo había pedido dos cervezas.

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales