domingo, 10 de mayo de 2026

No sé si fui yo.



No sé si fui yo el que subí a un auto así o si lo soñé o fue una escena de un libro o de una peli.

De cualquier modo diré que ocurrió, simplemente, para evitar especulaciones.

Lo que ocurrió en definitiva es estar junto a una carretera y tras caminar unos kilómetros, subirse a un auto.

Un auto extraño, a mal traer… que se detiene junto a la carretera y espera unos segundos para que vayas a él y te subas sin dudarlo, aunque no sepas todavía dónde se dirige.

Escuchas el motor, mientras te acercas.

Abres la puerta.

Te ubicas en el asiento trasero pues en el de adelante hay una jaula con algo que te pareció un mapache o un animal similar.

No es el único animal en el auto, por cierto, pues en el maletero viajan también unos veinte o treinta conejos.

Todos esos animales, decía, más tú y el hombre que maneja, que también pertenecen a ese reino.

-¿Sabes por qué? -me pregunta alguien, de improviso.

Y claro, como no sé a qué se refiere le digo que sí, que sé.

O que debo de saberlo, al menos, aunque no esté seguro necesariamente de poder transmitirlo.

-Pues si sabes ya está hecho -me dice-. Basta y sobra con eso.

Yo asiento.

Por último, trato de buscar el origen de la voz y no lo encuentro.

-Eso tampoco tiene importancia -dice ahora a voz, como si supiera que la busco.

Su tono es agradable, ciertamente, como la temperatura del día.

Y luego no.

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