No se trata de un chiste.
Tomadlo, de hecho, lo más serio que podáis.
Se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días.
Escuchad:
Un ángel llega a Dios con cuero cabelludo entre sus manos.
Como se ve compungido Dios le pregunta qué es lo que ha ocurrido.
Tras titubear, el ángel le cuenta que se trata del cuero cabelludo de
una de sus criaturas.
Según la versión más reiterada se trataría del cuero cabelludo del
profeta Habacuc.
Al parecer, el ángel lo habría levantado del cabello para llevarlo,
desde una ciudad cercana, hasta la gran ciudad de Babilonia.
Lamentablemente, al llegar a Babilonia, el ángel se percató que el
profeta se debía haber caído por el camino, desde gran altura.
Y claro, en sus manos, todavía se encontraba el pelo y el cuero
cabelludo del profeta.
¡Por hueón…!, le dice Dios,
entonces, al ángel.
Por hueón vas a tener que
remplazarlo en Babilonia.
Entonces el ángel, confiado de que Babilonia fuese una especie de
Babylandia, se toma a la ligera el mandato y es arrojado a la ciudad
directamente al pozo de los leones, que se encontraba cerca de palacio.
Una vez en el pozo, se percata que hay un hombre dentro que ha logrado dominar a los
felinos y que ha hecho un número con ellos digno de cualquier circo de
prestigio.
Maravillado pro la situación, el ángel los premia arrojándoles el cuero
cabelludo de Habacuc, que por lo demás, ya comenzaba a oler mal.
Y claro, más allá de las acciones mencionadas en esta introducción, es recién entonces
cuando comienza la verdadera historia.
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