Te van a pedir cuentas.
O supongamos, al menos, que te van a pedir cuentas.
Imaginemos que te mostrarán todo aquello en que fuiste gastando tu vista.
Dónde dirigiste tus miradas, quiero decir.
Y detallarán aquello que decidiste ver, en definitiva, en desmedro de otras cosas.
De verdad será así.
No miento ni exagero al decirlo de esta forma.
Por lo mismo, anda pensando qué decir, pues tendrás que justificarlas.
Y no me refiero únicamente a justificar aquello que elegiste ver.
Esa es la parte fácil, de hecho.
Lo que cuesta, en cambio, es explicar por qué decidimos no ver otras.
Otras de las que teníamos referencias, pero preferimos ignorar.
Eso es lo que costará justificar, cuando llegué el momento.
Esas cuentas, quiero decir.
Esas omisiones que te alejaron de un gran número de hechos y realidades que no te eran ajenas del todo.
De eso te van a pedir cuentas.
No te juzgarán, probablemente, pero deberás rendirlas de igual forma.
Y eso igualmente, será algo así como un juicio.
Esa lista de cosas no vistas, me refiero.
La mayoría en lugares lejanos, dirás, excusándote.
Así y todo, sabrás entonces que no todas están fuera de ti, como se tiende a pensar en un inicio.
Y eso, por supuesto, no podrás negarlo.
Será así, recuérdalo.
Te van a pedir cuentas.
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