-¿Está todo bien?-, pregunta ella.
Él se molesta al escucharla.
¿Cómo mierda va a estar todo bien?, piensa. Que esté todo bien es hablar de algo absoluto… imposible que esté todo bien.
-¿No está todo bien?-, pregunta ella, ahora.
Él la mira.
Ella no tiene mala intención, piensa él. Sonríe incluso cuando hace sus preguntas, probablemente para que uno conteste que sí dejando de lado todo lo que pueda estar mal. Para centrarse en lo que está bien, supongo.
-Disculpa –dice él, intentando ser honesto-. Es que me tomo la pregunta demasiado en serio, parece…
-Tranquilo, no está mal que lo tomes en serio –lo interrumpe ella-. Si sientes que algo está mal puedes decirlo y si es conmigo yo lo corrijo…
No todo tiene que ver contigo, piensa él, pero no se lo dice.
Intenta no inquietarse, respirando hondo, pero igual se molesta aunque no quiere.
Por qué será que todo se reduce a eso siempre, piensa ahora. A hablar de un todo dejando el mundo fuera. Y además está ese tono de superioridad. Ella puede corregir todo, según dice, si hay algo mal en ella puede corregirlo…
-Parece que no está todo bien, ¿no? –dice ella ahora, cambiando ligeramente el tono-. Igual si quieres que me vaya y no hablemos más me dices y no hay problema…
-No… -dice él-. No es eso…
La mira mientras toma una de sus manos, sin poder evitar cierta pesadumbre.
Así que no hay problema. Basta que diga un par de palabras y ella se va y no volvemos a hablarnos. Y la vida que creemos tener cambia por completo. Cómo mierda es todo tan frágil, tan poco seguro…
A pesar de todo, mientras piensa eso, él sonríe. Apenas y con dificultad, pero sonríe.
-¿Ahora sí todo está bien? –pregunta ella.
-Sí… -dice él, mientras siente un dolor pequeño en el pecho.
-¿Vamos entonces? –pregunta ella.
-Vamos –dice él.
Todo es siempre una despedida, piensa ahora, mientras avanzan.
Quisiera no tener razón.