viernes, 29 de mayo de 2026

El comienzo de la eternidad.


El fin de esa novela de Knausgard es el comienzo de la eternidad. No lo digo metafóricamente. Es eso, exactamente. Y es extraño. Tú sabes perfectamente que he leído miles de libros y visto miles de pelis y bueno… creo que este libro es el primero que hace exactamente eso. Nos muestra el comienzo de la eternidad. Soy consciente que hay otros libros maravillosos que de cierta forma acceden a esa eternidad, y otros que hasta nos revelan que ya estamos en ella, pero acá lo presencias. El comienzo de la eternidad, me refiero, es lo que presencias. Algún anuncio narrado décadas antes y de pronto sigues la historia y ahí está. Un poco como el comienzo del fin del mundo en Melancolía de von Trier, solo que acá es el comienzo de otro comienzo. Del gran comienzo, incluso. Y todo con sensaciones tan reales como no resueltas. Tenía que trabajar, sabes, cuando leí el libro. Las últimas doscientas y tantas hojas las comencé bastante después de medianoche y debía levantarme en pocas horas y de pronto casi amaneciendo descubres que estás presenciando el comienzo de la eternidad. Disculpa que lo repita y evite explicarlo mejor, pero quiero quedarme en eso. En el momento en el que lo descubres, me refiero. Y de forma tan evidente que no hay necesidad de explicarlo. Voy a decirlo una vez más, de hecho, y después me voy a callar. El fin de esa novela de Knausgard es el comienzo de la eternidad. Exactamente eso.

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