Recuerdo haber leído, en mi ya lejana adolescencia, el libro de memorias del hombre que quemó a Hitler.
Este hombre, por cierto, había sido el chofer personal de Hitler durante más de diez años y habría sido quien, utilizando numerosos bidones de combustible, habría quemado los cuerpos del líder alemán, Eva Braun y del matrimonio Goebbels, luego que estos se hubiesen suicidado.
Sin embargo, más allá de ese acto final hacia el cual nos conducen sus memorias, lo que más llamó mi atención fue la narración de distintos momentos cotidianos en que se podía observar la forma en que el escritor de estas memorias interactúa con Hitler, recogiendo algunos de las pocas observaciones y diálogos que pudieron desarrollarse entre ellos.
Y claro, recuerdo que las dudas sobre la veracidad del relato comenzaron ya entonces, y que leí ese libro tratando de reconocer dobles intenciones en su narración o determinando si aquello que contaba podía ser, simple y sencillamente, aquello que nombramos como “la verdad”.
La frustración que tuve entonces, recuerdo, fue inmensa, pues comprendí que más allá de interpretar el texto, el acceso a esa verdad -de existir una sola-, era algo a lo que jamás tendría acceso, aunque con el tiempo se liberasen distintos documentos oficiales y otras versiones de lo sucedido, e independientemente del posible desarrollo de mi capacidad de raciocinio pudiese tener con el paso de los años.
Solo existe el observador, podría haber concluido entonces, pero no lo observado.
Y es que lo observado se desdibuja y pasa a (re)existir desde el observador, más allá que este intente describirlo o narrarlo con total verdad.
El libro, por cierto, recuerdo haberlo leído en una biblioteca municipal que no realizaba préstamos de su colección.
Y recuerdo también que faltaban unas hojas del anexo de libro en las que aparecía el testamente de Hitler y algunas notas complementarias.
Por último, mientras miro hacia atrás en mis recuerdos, sé que lo que observo en modo alguno existe… Que todo se dibuja y desdibuja al mismo tiempo. Y que es imposible mentor o decir la verdad, en modo alguno, cuando hablamos.