viernes, 6 de febrero de 2026

Bingo, con los abuelos.


Por ese entonces iba a jugar bingo con los abuelos, los fines de semana.

Compraba un par de cartones, una promoción de café con galletas y me quedaba ahí marcando los cartones con porotos.

Todo era lento en esos juegos, pues a los viejos les costaba marcar el número indicado o a veces no escuchaban del todo bien o temblaban demasiado y movían sus cartones y se confundían las marcas.

Así y todo, podría decirse que el bingo funcionaba bastante bien, y servía para recaudar algunos fondos mientras los abuelos recibían visitas.

Por mi parte, lo cierto es que a veces ganaba, pero prefería no avisarle a nadie para que pudiese cobrar el premio algún otro.

No era por bondad, en todo caso, sino que los premios realmente no me interesaban.

Y bueno… también un poco por culpa, debo reconocer, pues lo que en realidad me motivaba a ir era poder llevarme unas primeras ediciones que estaban en un mueble, en una sala que hacía de biblioteca.

No eran muchas ni estaban en muy buenas condiciones, pero igualmente me tentaba verlas ahí, abandonadas, llenándose de polvo.

Un poco como los viejos, pienso ahora.

En total, según recuerdo, debo haberme robado como diez.

La última vez que fui, por cierto, un par de abuelos me descubrió.

No robándome algún libro, sino negándome a avisar mi triunfo, en el bingo.

-Dejémoslo así –les dije, cuando se dieron cuenta-. Así gana otro que lo necesite más.

De inmediato, uno de los que me descubrió intentó escupirme, molesto, y el otro alertó a los demás sobre mi conducta.

Unos se pararon y me amenazaron con sus bastones y se produjo un gran alboroto.

Estaban realmente molestos y ofendidos.

Tan complejo fue todo que el animador del bingo anunció que declararían no válido ese juego y que esperarían a que me fuera, antes de volver a jugar.

-No esperamos que comprenda, sino que se vaya, para continuar –recuerdo que dijo.

Confundido, atiné apenas a salir, en medio de miradas desaprobatorias y una que otra maldición, que me lanzaban.

Probablemente, pienso ahora, todas ellas se cumplieron.

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