En el bar había un cura bebiendo cerveza.
O no sé si era realmente un cura, pero al menos tenía sotana y algo que parecía una biblia sobre la mesa.
A nadie parecía importarle que estuviese ahí así que decidí que a mí tampoco debía importarme.
Pedí también una cerveza.
El garzón que me atendió tenía una cicatriz en el rostro y otra en la mano.
Tal vez tenía más, pero no se las vi.
Poco después llegó con una cerveza extranjera, que no había visto antes.
Me dijo que era alemana y muy buena.
Se llamaba Unerforschlich.
Me tomé tres, mientras buscaba una cita (que no logré encontrar) en un libro sobre la vida de Leopoldo II.
Cuando salí, finalmente, me encontré con un tipo que no dejaba de preguntarme algo confuso.
En principio entendí que me preguntaba por un tal Bobby Parker y le dije que no lo conocía.
Luego, sin embargo, comprendí que preguntaba si era yo el que andaba preguntando por Bobby Parker.
-¿Bobby Parker? –dije-. ¿Por qué iba a preguntar por él…? ¿Quién mierda es Bobby Parker?
Entonces el tipo sacó una pistola y me apuntó.
-No vuelvas a preguntar por él –me dijo-. Esta es la última advertencia.
Luego dio un paso atrás y disparó al aire.
Me miró amenazante.
Yo asentí.