domingo, 8 de noviembre de 2026

Un piano y a veces un pianista.


I.

En el local había un piano y a veces un pianista.

Uno que tocaba melodías sencillas y pasaba desapercibido, mayormente.

De hecho, cuando hablabas del lugar, nunca podías recordar, exactamente, las melodías que tocaba.

Extrañamente, todos estaban seguros de que se trataba siempre del mismo.

Mediana edad, delgado… decíamos.

Nunca recordamos nada más.


II.

Luego de unas semanas sin ver al pianista le preguntamos al dueño qué pasaba con él.

Le dispararon, nos dijo. Así que voy a comprar una pianola.

Nos explicó que salía más barato. Que bastaba con poner unos rollos con melodías impresas y la máquina tocaba por sí sola.

Por otro lado, confesó, si los clientes se incomodan, ponemos a algún tipo detrás de la pianola, para que mueva las manos.


III.

Vimos funcionar la pianola dos o tres veces.

Si nadie detrás, por cierto, aunque seguía estando en un lugar principal.

Podría haber sido reemplazada fácilmente por unos parlantes o un equipo más actual, pero el dueño decía que le ayudaba a mantener la atmósfera.

Eso hasta que, hace unas semanas apenas, supimos que habían debido retirar el instrumento.

Le dispararon, nos contó el dueño, que ya bebía con nosotros.

Un tipo delgado, de mediana edad, entró poco después que cerraran y le dio cinco o seis tiros dañando el mecanismo.

Todo quedó grabado, pero las imágenes no sirven para reconocer al agresor, nos dijo.

Como lo consolamos un poco, esa vez recibimos unos cuantos tragos gratis.

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