sábado, 21 de marzo de 2026

Pájaros.


“La noche negra se ennegreció aún más.
Los pájaros murieron en la cabeza de la noche”
Y. L.


No el suelo sino en los techos de las casas comenzaron a amontonarse los cadáveres de los pájaros.

Preferían morir ahí, supongo, sin que su muerte fuese vista más que por otros pájaros.

Los gatos, a veces, bajaban con algunos, pero por lo general los dejaban ahí, pudriéndose al sol.

Fue entonces que la situación comenzó a tratarse en las noticias y algunos expertos hablaron de peligros sanitarios y hasta de posibles epidemias, si no se recogían prontamente los cadáveres y no se investigaba la causa de la mortandad.

Respecto a la recolección de cuerpos y a las quemas controladas, podría decirse que todo funcionó relativamente bien. Hubo buena interacción delas patrullas civiles con servicios municipales y solo en casos aislados hubo que apelar a órdenes y allanamientos para evitar futuros problemas.

Sin embargo, respecto a la muerte de las aves, no se logró identificar un mal específico.

Sí se llegó a conclusiones más bien descriptivas –como que los pájaros solían morir de noche, por ejemplo-, pero no se apreciaron signos de enfermedades o síntomas que sirviesen para identificar futuras víctimas.

Por lo menos, se descartó la posibilidad de peligro para humanos y luego –aproximadamente en el transcurso de cinco o seis semanas-, la situación fue decantando hasta que la mortandad prácticamente desapareció.

Así y todo, durante esas semanas, se reportaron algunas muertes humanas, pero en la mayoría de los casos se trató de personas accidentadas –caídas de altura-, mientras intentaban recoger los cuerpos de las aves.

Cerca de mi casa, por ejemplo, un adulto mayor murió sobre el techo de su casa, pues al parecer sufrió algún tipo de ataque cuando estuvo arriba y no tuvo a quién pedirle ayuda.

Así y todo, si bien la situación generó gran alboroto en su momento, la aparición de otras noticias de importancia ayudó a que la situación quedase rápidamente en el olvido.

De hecho hoy, cuando intento hablar con alguien sobre aquel asunto, hay personas que incluso creen que me lo invento y se ríen nerviosas, cuando lo menciono.

Pero yo, por supuesto, nunca me invento nada.

Y lo que ocurre cada noche, habitualmente, lo recuerdo a la perfección.

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