miércoles, 12 de agosto de 2026

Se deshojó mi casa, me dijo.


Se deshojó mi casa, me dijo.

No la deshojé yo, ni el tiempo.

Ni siquiera se deshojó ella misma.

Las uniones se rompieron simplemente y luego se deshojó.

Yo lo vi todo, desde dentro y luego a salí del lugar.

Y entonces descubrí que era cierto.

No lo comprobé pues no había visto, ciertamente, antes.

Pero entonces, desde fuera, vi con claridad.

Es confuso, tal vez, pero cierto.

Desde dentro no vemos realmente.

Y por eso miento, a veces, sin saber.

Desde entonces vivo en una casa deshojada, me dijo.

Luego, con esfuerzo, sonrió.



Mi cabeza también se deshojó, dijo después.

Mi cabeza que es también, de cierta forma, una casa.

No me di cuenta hasta después.

Quedaron ramas, simplemente, ahí donde estuvo mi cabeza.

Unos cuantos nombres aferrados, tal vez, y algún recuerdo.

Nombres como ropas colgadas en un cordel.

Ropas que no te pertenecen.

Que no te quedan.

Y que probablemente estaban ahí, desde antes.



Se deshojó mi casa, mi cabeza y hasta mis palabras cayeron como hojas, me dijo.

Ese es el resumen.

Tú nombre quedó un poco más, no sé por qué.

Creí que estabas fuera y supongo que también erré con eso.

Perdí mi voz, me dijo.

No hubo viento.

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales