jueves, 7 de mayo de 2026

Las piezas de la máquina.


I.

Las piezas de la máquina, me dicen. Hay que recogerlas.

Y claro, yo no digo, pero hago.

Quiero decir que las recojo, en silencio, y busco una superficie alta para poner las piezas sobre ellas.

Las ordeno un poco.

Las dejo en filas, frente a ellos.

Doy un paso atrás.

Las piezas de la máquina, les digo.


II.

Nunca vi la máquina esa.

Nunca la vi armada, quiero decir.

Una vez, a cierta distancia, escuché unos ruidos y me dijeron que era el sonido de la máquina.

La voz de la máquina, de hecho, fue lo que dijeron.

Yo la escuché y concluí que era la mezcla de un sonido de motor y de un zumbido.

No era muy común, por cierto.

Tampoco me explicaron para qué servía.


III.

Una confesión:

A veces me robo una pieza chiquita de la máquina.

La primera vez fue casualidad, pues la encontré en un bolsillo horas después.

Pensé en devolverla incluso, esa vez, pero escuché la máquina sonar igual que siempre.

Nada parecía haber cambiado, me dije, así que podía quedarme con la pieza.

Luego, sin embargo -con el paso de los días, quiero decir-, saqué deliberadamente otra pieza de la máquina.

Y luego otra.

Tal vez yo mismo pueda armarme una máquina pequeña, me dije.

Y sí… estoy consciente que me faltan todavía varias piezas, pero al menos lo que hago adquirió una pequeña dosis de sentido.

Puede no parecer gran cosa, pero saber eso se siente tan extraño como tener, por un momento, una pieza.

Con eso basta, me digo.

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