miércoles, 13 de mayo de 2026

Sangre (II)



Puede que tú lo consideres normal, pero yo lo encuentro raro. Y como lo encuentro raro le doy vueltas. Tenemos sangre de sobra, me digo. Lo hago una y otra vez, horas después de donar sangre. Y es que me sacaron medio litro y sigo igual. Ni siquiera un mareo o alguna sensación de fatiga. Tras salir, de hecho, me he quedado hablando con un tipo que al parecer trabajaba en eso. Esto es lo que hacía: donaba sangre a nombre de pacientes cuyos familiares le pasaban algo de dinero. No era mucho lo que le daban, pero decía que de igual modo no le suponía mayor esfuerzo. Tenía un truco incluso para poder donar más seguido de lo permitido, pero me comprometí a no revelarlo.

-No es casualidad que podamos donar sangre -me dijo-. Piénsalo: te sacan sangre y luego vuelves a generar la sangre extraída… Nadie te lo dice así, pero lo que pasa es que en el fondo somos productores de sangre. Igual que las vacas producen leche, nosotros producimos sangre. Y yo vengo a la granja de sangre a venderla…

Siguió el tipo explicando su teoría un buen rato mientras yo, debo reconocerlo, le encontraba un poco de razón.

Es cierto, me dije. Somos máquinas productoras de sangre…

Eso pensaba todavía cuando descubrí que el hombre ya se había ido y estaba sentado observando una mujer pelo azul.

O más bien, el pelo azul de la mujer de pelo azul.

-¿Es usted? -le pregunté entonces, sin pensarlo, acercándome a ella.

-¿Quién? -me preguntó a su vez.

Y yo no supe qué decirle.

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