miércoles, 4 de marzo de 2026

El otro hijo.



Ella me contó que cuando dio a luz a su bebé, discutió con todos alegando que su hijo seguía en su vientre.

Me lo contó como si fuese algo de lo más común, mientras tomábamos algo, riendo incluso, cuando recordaba algunos momentos de la historia.

-La enfermera me lo acercaba –me dice-, mientras yo le alegaba que no, que ese no era mi bebé, y le intentaba explicar que el otro todavía pateaba allá dentro y pujaba por salir. Fue todo muy caótico… De hecho, creo que me puse algo violenta y les grité para que sacasen al verdadero, por lo que terminaron llevándose a mi hijo y me tuvieron que inyectar algo…

-¿Habrá sido debido a la anestesia o algo así? –pregunté.

-¿Qué cosa?

-Lo que sentías… tu reacción…

-No creo –contesta-. O no sé, en realidad… El punto es que ellos deben haber pensado que era momentáneo, pues luego de una hora o algo así se me acercó una doctora a explicarme que el rechazo era algo más normal de lo que se creía… Me habló de ciertas terapias y procesos, pero yo seguía convencida de que tenía todavía un bebé adentro…

-¿Pero de verdad sentías eso?

-Claro… -me dice-. De hecho, yo intentaba racionalizar… y hasta acepté que el bebé que me pasaban era mío, pero seguía sintiendo que en mi vientre tenía otro… Llegué a creer que tenía dos y que les faltó sacar uno y así se los dije… Les exigía que me tomaran otra ecografía y que hicieran algo… O sea, yo no iba a seguir con un bebé afuera y cargando con otro dentro mío… Estaba re loca, ¿no crees?

Como no sé qué decir, dejo que ella se ría simplemente y me quedo ahí, esperando a que termine la historia.

Luego de un rato, como ella no continúa me veo obligado a preguntarle qué paso después.

-No me gusta hablar de eso –dice entonces ella, cambiando su actitud.

-Pero… -intento decir-, todo salió bien después, ¿no?

Ella toma de golpe lo que quedaba en su vaso y se da un tiempo para decidir si me responde o no.

-Sicosis posparto –me dice, finalmente-. Casi dos años interna y cinco de tratamiento. Para terminarlo tuve que mentir y decir que todo estaba bien… Asegurarles que ya no sentía nada.

Yo la miro para ver si bromea, pero me doy cuenta que no.

Tampoco sé qué más decirle así que no digo nada cuando ella me dice que pidamos la cuenta y lo dejemos hasta ahí.

-De acuerdo –digo yo.

Cuando nos despedimos, poco después, observo como se lleva una mano a su vientre antes de irse.

No hemos vuelto a vernos, desde entonces.

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