Un hombre que vivía en el lugar se acerca a hablarme cuando me vio observando unas aves.
No migraron este año, me dijo.
Se quedaron aquí, donde siempre, y hoy no se ven bien.
Vinieron de la universidad incluso a hacer estudios y dijeron que la población puede llegar a desaparecer, si dejan de migrar.
La población de aves, me aclara.
Luego, me cuenta que a pesar de los estudios aún no han descubierto la causa.
Que las pocas veces que ha ocurrido, según le contaron, ocurrió a partir de cambios en el tiempo, pero este año no hubo mucha variación.
Tuvimos el mismo clima de siempre, me dijo.
Antes cantaban todo el tiempo y revoloteaban por todos lados.
Hoy ni siquiera se mueven mucho y los científicos que vinieron dijeron que la reproducción prácticamente desapareció.
¿No las nota usted algo extrañas?
Yo observo las aves, pero no sé bien qué responder.
No sé cómo eran antes, le digo, pero es cierto que están calladas.
Tengo una vecina que dice que ya no tienen qué decir, comenta.
Dice que a lo mejor se dieron cuenta que la vida es la misma en todos lados y eso les afectó.
Hace una pausa como para que yo agregue algo, pero no se me ocurre qué.
Yo no quise discutir con mi vecina, dice el hombre ahora.
No quise discutir, pero creo que tendrían que cantar igual.
O sea, si uno no tiene qué decir debe igual no más decir algo porque la voz se hizo pa eso.
Más la de los pájaros, ¿no cree?
Yo le doy la razón.
Luego, él se va.
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