lunes, 3 de noviembre de 2025

Papeleo.


-Es por el papeleo –me dijo-. Siempre es por el papeleo.

-¿Qué papeleo? –le pregunté.

-Pues el papeleo, ¿cómo es que no entiendes? –lanzó, molesta.

Yo guardé silencio.

La observé.

Ella me miraba, con expresión de fastidio.

-¿No vas a decir nada? –dijo entonces-. ¿Vas a decir que no entiendes de qué hablamos?

Juro que quería entender de qué hablaba, pero no podía.

O sea, sé a qué nos referimos con aquello del problema del papeleo, pero no entendía de que hablaba, en particular.

Quise explicárselo, pero no sabía cómo decírselo sin que se molestase todavía más.

-¿Y…? –insistió-. ¿No vas a decir nada?

Ante la insistencia, me decidí por fingir seguridad.

-Tienes razón –le dije-. Siempre es por el papeleo. Papeleo de mierda…

-¿Por qué de mierda? –me interrumpió, todavía molesta.

Intenté improvisar.

-Ya sabes… -dije-. Digamos que es por acumulación. Papeleo más papeleo más papeleo es igual, bueno, a un montón de papeleos y luego un montón de esto, pues bueno… suele ser una mierda… y claro, más aún cuando no podemos ponernos de acuerdo y terminamos molestos por culpa del papeleo ese…

-¿Y el culpable de la molestia es el papeleo, dices tú? –me preguntó ahora.

Busqué su mirada antes de responder. Quería adivinar si quería que le respondiese afirmativa o negativamente. Al final no me decidí.

-Sí y no –le dije, para asegurar-. Pero es más o menos como tú crees. Aunque claro, el papeleo no suele venir solo…

-Es cierto –dijo ella, luego de una pausa. Parecía más calmada-. Cada papel que forma parte del papeleo está lleno de palabras…

-Es cierto –dije yo.

Ella hizo una pausa. Parecía reflexionar sobre lo que hablábamos.

-Entonces son las palabras… –dijo entonces, como si pensase en voz alta-. No es el papeleo sino las palabras.

Yo asentí.

Nos miramos.

-No perdamos tiempo –dijo entonces, poniéndose de pie.

Y claro, yo no comprendí del todo, pero también lo hice.

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