Es cierto, no lo niego, en ese entonces tirábamos piedras a los vidrios.
Las arrojábamos a ventanas, quiero decir.
Lo hacíamos cuando íbamos a la playa, contra las ventanas de unas casas que parecían abandonadas.
Y es extraño, ahora que lo recuerdo, ya que, aunque las supiéramos abandonadas, igual corríamos.
Arrancábamos, quiero decir, luego de romper algún vidrio.
Fue en uno de esos días que recuerdo haberme enfrascado en una discusión estúpida.
Esta se había originado a partir de la forma en que verbalizábamos lo que le habíamos hecho a las ventanas.
Recuerdo que algunos decían que las piedras atravesaban el vidrio, mientras que otros decían que las piedras se estrellaban contra ellas, quebrándolas.
Y claro, como ya desde ese entonces yo pasaba entre libros quisieron que yo dirimiera la disputa.
-Todo tiene que ver con la mecánica de la fractura –dije entonces, inventando un poco y parafraseando un libro de física que había leído antaño.
Luego empecé a mal usar una serie de conceptos que me sonaban de aquel libro, aunque mi explicación, ciertamente, no debe haber estado muy fina.
-En parte depende del límite de resistencia a la tracción del vidrio en oposición a la fuerza de impacto –dije-, y al cambio de trayectoria que siga la piedra lanzada… También está el asunto del tipo de fisuras con que se propaguen las fracturas, que pueden radiales o concéntricas y luego…
El primer piedrazo me llegó en el cuello, recuerdo, interrumpiendo mi explicación. Luego me cubrí la cabeza y otro me impactó en una rodilla.
No sé si alguien me defendió o todo se volvió simplemente un caos, pero lo cierto es que de pronto todos se estaban lanzando piedras entre sí, así que yo también arrojé alguna que le rebotó a otro en la cabeza.
Seguimos así un buen rato hasta que nos fijamos que uno de nosotros estaba tendido en el piso desde hacía un rato.
Algunos fueron a verlo y comprobaron que todavía podía moverse, aunque le sangraba la frente.
En eso estábamos cuando llegaron un par de carabineros y nos hicieron formar a todos, junto al auto policial.
Incluso el que estaba tendido en el piso terminó levantándose y poniéndose en la fila.
Nos golpearon con un palo y luego de retarnos un buen rato, nos dijeron que bastaba con que se quedara uno, para la declaración, y que los otros podían regresar a sus casas.
Por supuesto, me eligieron a mí para que me quedara. Dijeron que yo podía explicarlo mejor.
-Lo que pasó es que estábamos discutiendo sobre la mecánica de la fractura… –recuerdo que alcancé a decir, antes que me llegara un golpe.
Luego de esto los carabineros se miraron entre sí.
-¡Ándate de acá, hueón…! –me gritaron-. ¡Ahora...!
Entonces yo corrí tan fuerte como pude en dirección a casa.
Mientras lo hacía, pensaba qué pasaría si me encontraba de golpe con algo.
Probablemente lo atravesaría, me dije, sin parar de correr, aunque por otro lado…
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