"No parecía una sola historia,
era como si dos textos
y al menos dos estilos,
se hubiesen entremezclado"
O. W.
Una amiga tenía en su departamento un loro que se llamaba Oscar Wilde. Andaba suelto por el lugar y de pronto se te posaba en un hombro y podía sorprenderte. Decía algunas palabras sin sentido, pero que le hacían gracia a quien lo oyera. Hablo del loro, por cierto, no de mi amiga. Fue entonces que, una mañana, luego de haber pasado la noche ahí, el loro se posó de improviso sobre mí y yo sin pensarlo lancé un golpe que lo arrojó fuertemente al piso. Cuando me acerqué a verlo vi que estaba tieso y parecía tener el cuello doblado. Lo toqué e intenté mover, pero no hubo respuesta. Mi amiga, por cierto, todavía dormía. Sin pensarlo muy bien decidí que era mejor deshacerme del loro. Lo tomé desde las patas y lo metí en un envase de papas fritas, vacío. Luego apreté el envase y lo metí al fondo del basurero, en la cocina.
-¿Estás limpiando un poco? –preguntó mi amiga, desde el dormitorio.
Yo contesté que sí.
-No es necesario –dijo ella-. No te preocupes.
Yo me dediqué entonces a recoger otras cosas y lavé unos platos.
Todavía pensaba cómo llevarme la bolsa de basura, cuando ella apareció en la cocina.
Fue entonces que, mientras preparábamos el desayuno, descubrí que estábamos diciendo unas frases que estaba seguro de haber leído tiempo atrás.
-¿Dónde? -me preguntó ella, luego que le expliqué mi sensación.
-No sé bien –le dije-. Puede ser en una novela gráfica de Alison Bechdel.
-Pues ya sabes –dijo ella-. La vida imita al arte mucho más que…
-No quiero hablar de eso –interrumpí.
Ella me observó en silencio, con una expresión que revelaba tanto molestia como decepción.
Terminamos así de desayunar, sin apenas hablar, incómodos.
Cuando nos despedimos, minutos después, ella notó que la puerta del departamento había quedado abierta la noche anterior.
-Ojalá no falte nada –le dije, cuando me iba.
Ella arrugó la frente y miró a su alrededor.
-No creo –dijo.
Luego cerró la puerta, y yo me dirigí al ascensor.
Recuerdo que estaba abierto, detenido en el piso en que me encontraba, como si me estuviese esperando.
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