I.
Una torre que se ha construido desde dentro, desde fuera se muestra como no terminada y desprolija. Desde dentro, sin embargo, tiene buen aspecto y cumple su función. Imagínala sencilla, casi como un bloque. Sin entradas ni salidas, quiero decir, y algunas rendijas en lo alto. Construirla es posible, aunque no lo parezca. Habitarla, por ende, también.
II.
Dos hileras de casas pequeñas. Bien construidas, ciertamente, pero que parezcan no terminadas. Una frente a otra, pero con un espacio intermedio irregular, para alejar la idea de que son hileras paralelas. Luego, en cada hilera, todas las casas habitadas, menos una. Esa casa –en cada hilera-, debe parecer mejor terminada que las otras. No estéticamente mejor, pero con menos cosas pendientes. No importa la ubicación dentro de la hilera, pero hay que procurar que no estén en uno de los extremos, eso sí.
III.
Una iglesia que haga dudar a quien la vea si realmente es una iglesia. No una construcción que parezca en parte una iglesia, sino una iglesia que no lo parezca del todo. Lo principal es que provoque el cuestionamiento de quien se acerque a ella y lo haga detenerse, antes de entrar. Y que provoque tanta duda que, idealmente, haga volver al observador sobre sus pasos sin llegar nunca a adentrarse en ella. Una construcción hecha para estar vacía, en resumen. O casi vacía. Ese es el objeto, si lo piensas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario