Encontramos dos esa vez, pero todos nos decían que eran tres.
Sin indicaciones precisas, por supuesto, pero eso nos decían.
Tres pozos en esa zona.
Todos distintos.
Todos supuestamente funcionales.
Lo que debíamos hacer era fotografiar su estado, marcar su ubicación y explicar la forma de llegar a ellos.
Todo esto con claridad, por supuesto.
Describiendo dificultades del camino y dando cuenta precisa de distancias y posibles peligros.
Trabajamos seis semanas en eso.
Yo intenté tomármelo como una vacación.
Por mi parte me cargué de libros y recorrí la zona lo mejor que pude.
Nos comunicábamos por radio y nos juntábamos cada dos días, en una especie de base central.
Marcábamos zonas con un GPS satelital.
Teníamos un programa para anotar detalles del terreno y adjuntar fotos.
Como estábamos a cierta altura y en montaña, no nos resultaba fácil movernos.
Yo mismo, por ejemplo, me caí varias veces, aunque nunca con resultados de extrema gravedad.
El trabajo prácticamente no daba buenos frutos.
Recién en la última de las seis semanas encontramos el primero de los pozos.
O dos de ellos, en realidad, pues estaban muy cerca uno del otro.
Botaban agua cada uno de esos pozos, de forma constante.
Eran pozos artesanales, antiguos, sin bombas para su funcionamiento.
Tras comunicarnos y preguntar sobre aquello nos pidieron hacer unos canales para desviar el caudal y evitar que se estanque.
Ocupamos el tiempo en eso y fue entonces que debimos regresar.
Sin haber encontrado el tercer pozo.
Recuerdo que me quedé con unas fotos de los pozos, rebalsados de agua y que nos advirtieron que hacerlo acarrearía demandas, multas y otros problemas.
Nunca entendí por qué.
Durante esas seis semanas, por cierto, recuerdo que leí varios libros de Simenon, uno gordo de la Oates, hartas obras dramáticas de Tennessee Williams y un par de novelas mexicanas.
También releí esos días los diarios de Kafka –digitalizados-, los de Cheever y un gran número de cartas de Flannery O´Connor.
En una de ellas, casualmente, ella hablaba de un pozo que había descubierto, mientras seguía un pavo que se había alejado de su casa.
Flannery.
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