I.
Esta calle lleva donde mismo que la calle conocida. Se parece incluso en el ancho y en el tipo de locales que hay en ella. Flujo similar, personas similares… todo parece funcionar de igual manera. Eso pienso al menos mientras avanzo por ella y pienso que en la próxima esquina tal vez doble para volver a la de siempre. No es por inseguridad ni nada parecido. Tampoco es por la costumbre ni cualquier otra inquietud que me genere romper la rutina. Es una decisión que creo sana, simplemente, y me atengo a ella. Tampoco es que quiera, en modo alguno, convencer a alguien. Usted, por ejemplo, haga lo que quiera.
II.
No saludo a la nadie en la calle conocida. No especialmente, al menos. De vez en cuando quedo de frente con alguien que conozco y ambos hacemos un pequeño gesto, levantando la cabeza. Nunca una palabra. Nunca un ruido. Así y todo resulta que sé algunos nombres. No los digo en voz alta, pero los sé. Probablemente los haya escuchado decir alguna vez y vi que ellos respondían a esos nombres. Es extraño… Ahora que lo pienso, nunca he llegado al final de esta calle.
III.
Tal vez no termine, la calle conocida. Es probable que cambie de nombre y se transforme en otra y luego haya una curva y se transforme en otra más. Lo cierto es que no lo sé. Y es que apenas conozco un tramo de esta calle. Un tramo largo, es cierto, pero nunca he llegado a sus extremos. Tal vez hasta se unan en algún sitio y no haya extremos y no lo sepa. De cualquier modo, todos parecemos caminar tranquilos. Con apuro, algunos, pero siempre con seguridad. Salvo una vez en que una señora se desmayó en una esquina, no he visto que ocurra nada grave. No sé cómo lo hacen los demás, para salir de aquí.
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