domingo, 24 de mayo de 2026

Colibríes.


I.

He visto varios colibríes en mi vida, pero nunca los he visto de a dos.

Ni a ellos, en pareja, ni yo he estado acompañado, cuando los veo.

O sea, tengo registrada la imagen de un documental, en que dos colibríes se pelean para delimitar territorio, pero no creo que eso cuente.

Tampoco creo que cuente una vez en que vi un nido de colibrí con dos huevos, pequeñísimos.

No quise acercarme mucho, esa vez, pues temía que la madre se deshiciera de ellos, si me veía rondar.

Por lo mismo, no volví a acercarme, e intenté, desde lejos, estar atento a la eclosión y poder observar las crías, si era posible.

Según entiendo, los colibríes siempre ponen dos huevos cada vez.

O sea, uno primero y a los dos días, aproximadamente, el otro.

Nunca tres, dicen los expertos.

No sé por qué.


II.

No vi a los colibríes pequeños, esa vez.

En cambio, si vi una vez más a la madre colibrí, muy quieta, colgando de una rama, y la creí muerta.

Por suerte, no me acerqué ni intenté tomarla, pues con el tiempo averigüé que estaba viva, pero en un estado de torpor.

Una especie de hibernación breve, digamos, en la que caen los colibríes cada noche, para poder experimentar algo similar al sueño.

Volviendo al punto, resume diciendo que nunca vi colibríes de a dos.

Ni siquiera a dos crías.

Podría decirlo de una forma más sublime, tal vez, o buscando describirlos de una forma tal que agite el corazón.

O que lo haga eclosionar, como diría tal vez un mal poeta.

En mi caso, simplemente me atengo a señalar que no eclosiona el corazón.

La razón es clara:

El corazón es un músculo. No un huevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales