Aterrizó un helicóptero en la plaza.
En medio de una cancha en la que suelen jugar a la pelota los chicos que viven por acá.
Se doblaron unos árboles que no estaban muy crecidos y se dañaron también algunos basureros y juegos, principalmente por el viento.
La gente que fue a verlo dicen que esperaron largo rato sin que se abriese la puerta y se bajase alguien del helicóptero.
De hecho, como los vidrios estaban polarizados nadie vio siquiera una silueta en su interior.
Cuando se detuvo la hélice y el lugar quedó en calma se acercaron algunos poco a poco al helicóptero.
-Fue como si hubiese varado una ballena -me contó un vecino-. Miraban al helicóptero como si quisieran acariciarlo o volverlo a elevar.
No llegó nadie desde la municipalidad ni carabineros ni nadie en realidad, durante veinte minutos, más o menos.
Luego, el motor del helicóptero volvió a funcionar y las hélices comenzaron a moverse.
Entonces, los que se habían acercado retrocedieron empujados por el viento y hasta algunos se cayeron, aunque sin ocasionarse lesiones de gravedad.
Mientras se elevaba, se voló la carpa de un indigente que duerme en el lugar y quedó sobre un árbol.
También se volaron sus cosas, por supuesto.
Un vecino dice que entre las cosas que se volaron encontró medio libro de Dostoievski. La parte final de Los Demonios, creo que me dijo.
No salió nada de esto en tv y al parecer no fue noticia en ningún sitio.
Tampoco vino nadie a dar explicaciones.
El próximo domingo iremos a reparar la plaza algunos voluntarios.
Si el helicóptero fue un signo o un símbolo, no supimos qué significaba.
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