lunes, 18 de mayo de 2026

No sé si te has fijado.


I.

No sé si te has fijado, me dijo,
pero el sol se pone negro
si te atraviesa.

Pasa por ti y gotea oscuro
formando charcos vivos,
con tu forma.

Observa, si quieres,
y comprueba.
Y solo entonces dime.

Eso de ahí fue sol,
puedes decir,
sin temor a mentir.

Prisma oscuro,
la carne,
aunque la voz no lo diga.


II.

Suenan dados,
en la noche.

Dados que ruedan
por el piso.

Unos tras otros van rodando
y no se saben detener.

Creen que demorar su cifra
los transforma en seres vivos.

Creen que pueden rodar
sin que el mundo los detenga.


III.

Ingenuos los dados

Ingenua la luz del sol.

Ingenua la cifra que se cree distinta a otra.

Ingenua la luz que no atraviesa la carne.

Ingenua la sombra que cree permanecer.

Ingenuo aquel que espera que el dolor pase.

Ingenuo el que ríe y el que llora.

Ingenuos todos, a fin de cuentas.

E ingenua la muerte, incluso, porque no sabe detener.


IV.

No sé si te has fijado, me dijo,
pero el sol es un invento
de la luz.

Y es extraño porque el sol
dice que existe
si alguien le pregunta.

Y se hincha redondo
y brillante
y cree que eso es existir.

Y es triste, de cierta forma,
ya que todos saben,
menos él.

Tal vez, dice ella,
lo que ocurre es que él no sabe
porque duerme.

No sé si te has fijado.

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