miércoles, 20 de mayo de 2026

Una mosca, desde la nada.


“Pero el deseo de volverme imprecisa
no hace las cosas imprecisas”
H. K.

I.

Juro que vi aparecer una mosca, desde la nada.

Una mosca pequeña, común y a primera vista intrascendente.

La vi aparecer sobre una superficie plana, sin ningún tipo de manifestación previa.

Es decir, no estaba en principio la mosca en ningún sitio, y luego simplemente estaba.

Sin acciones intermedias ni avisos ni nada que pueda considerarse como una causa.

Es decir, vi aparecer una mosca que no era consecuencia de nada.

Como una existencia desligada de todo, la vi aparecer.


II.

-¿Y tú qué? -me preguntó la mosca.

-¿Yo qué de qué…? -le pregunté a su vez, con torpeza.

No vi su cara, pero imagino que me miró con desprecio.

-Tú crees tener origen -me dijo-, pero aunque eso fuera cierto, lo cierto es que no tienes nada más.

No respondí.

Aunque esa mosca hable, me dije, es tan pequeña que yo no debiese estar escuchando su voz.

Tal vez lo que ocurre es que me ha impactado verla aparecer así, y la rareza de lo ocurrido me lleve a imaginar voces.

O tal vez, simplemente, es que siempre aparezcan así y luego nos hablen, y nosotros no sepamos.


III.

La mosca esa, que apareció, no es en todo caso, todas las moscas.

Eso (ahora), lo tengo claro.

Por lo mismo, debo recordar que atribuir alguna de sus características o particularidades a cualquier otra, es simplemente algo impreciso.

Es cierto que la vi aparecer desligada de todo, pero no debo generalizar, ni crear falsas alarmas.

Después de todo, la voluntad que me impulsa hacia las cosas no debo confundirla con el deseo de comprenderlas.

Y en el asunto de las voces, por cierto, debiese actuar bajo la misma premisa.

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