miércoles, 24 de diciembre de 2025

Un punto de inflexión.


I.

Ocurrió en una isla pequeña, en el sur de Chile, a poca distancia de Chiloé.

Era una isla particular, comprada por un grupo de empresarios finlandeses en la que habían construido una serie de cabañas y un pequeño salón para eventos corporativos.

Al parecer, había un grupo de empresas nórdicas que estaban invirtiendo en unas zonas forestales, lo que explicaba en parte la presencia de ellos en aquel lugar.

Nada de esto lo sabía, en todo caso, cuando llegué a la isla.

Me habían invitado un par de músicos que debían tocar en una especie de fiesta, que se desarrollaría en aquel recinto.

A pesar del recibimiento y la buena atención que les dieron, no llegarían a tocar.


II.

Nos quedamos en una cabaña que estaba unida a otra.

En la otra, se hospedaban también unas hermanas finlandesas, que también se iban a presentar.

Conversamos con ellas la mañana en que llegamos y ellas fueron las que nos contaron más sobre el recinto.

Sin emoción alguna lo hicieron.

Incluso con desgano.

De hecho, comentaron que probablemente nadie, la noche de la fiesta, nos querría escuchar.


III.

Tuvieron razón aquellas chicas.

Esa noche, durante el encuentro, ellas tocaron primero, y cuando terminaron, los encargados del sonido desconectaron todo y comenzaron a guardar.

-Les pagaremos igualmente –fue lo único que les dijeron a los músicos que me habían invitado.

Yo me enteré de esto después, pues había quedado en una especie de trance luego de escuchar a las hermanas.

Como los temas eran en finlandés no entendí nada de lo que decían, pero me dio la impresión que eran algo así como listas de verdades.

Verdades numeradas, incluso.

De esas tan evidentes como incómodas, pero que no puedes dejar de escuchar.


IV.

A la mañana siguiente nos despertamos temprano.

Desayunamos en el lugar y nos subimos a una lancha en la que viajamos a Chiloé junto con las hermanas finlandesas.

Ninguna de ellas dijo una sola palabra durante el viaje.

Igual no las merecíamos, me dije, intentando comprender.

Una hora después, ya estábamos en tierra y en un descuido dejé de verlas.

Ni siquiera pude ver hacia qué lado partieron.

Estuve en la zona dos semanas y no dejaba de pensar en ellas.

De cualquier modo, me convencí que no volvería a verlas y pensé que las había olvidado, con el paso del tiempo.

Unos seis años después, sin embargo, las vi tocando en una película de Kaurismaki.

La canción que tocaban, marcaba un punto de inflexión en la película.

Si un día vuelvo a verlas, me dije, marcarán también un punto de inflexión en mí.

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