“Antes del fin, un niño gris…
Y el final de un año”
O. W.
Me advirtió que no iba a creerle si me lo decía así que me llevó directamente allá. Y claro, yo fui. Ni siquiera sabía bien a qué iba o hacia dónde, pero dejé que me llevaran y solo cuando estuvimos en el lugar me explicó un poco la situación.
-Atrás de esa puerta hay un pasillo –me dijo-. Si sigues por ese pasillo vas a encontrar una puerta cerrada, casi al final. Detrás de esa puerta vive una mujer que dio a luz un hijo gris. Literalmente gris. De piel gris, pelo gris, ojos grises. Debe tener apenas unos cuatro meses. Nunca lo han sacado de ese lugar.
-¿Y qué se supone que debo hacer? –le pregunté.
-En principio dar con la puerta –me indicó-. Esperar a que abran, responder las preguntas que te hagan y luego pedir que te dejen ver al niño gris.
Esperé más instrucciones o comentarios, pero no hubo.
-¿Y por qué se supone que debo hacerlo? –pregunté entonces.
-No debes, necesariamente –me contestó-, pero ya estás acá. Y creo que te haría bien verlo.
-¿Me haría bien verlo solo porque es gris?
-No. No por eso solamente –me dijo-. Pero es el último esfuerzo que hago…
Abrí la puerta y avancé por el pasillo sin dejarlo terminar la frase.
Estaba todo más oscuro de lo que pensé.
Debo haber dado al menos veinte o treinta pasos antes de dar con la puerta tras la cual vivía el niño gris.
-Llega un poco tarde –me dijo la mujer apenas abrió la puerta-. El niño lo espera.
Luego de esto se hizo a un lado y con un gesto me invitó a pasar.
-Gracias –le dije-. Y entré.
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