domingo, 18 de octubre de 2026

Una habitación llena de personas.


Una habitación llena de personas. No repleta, digamos, pero sí con bastantes individuos. A primera vista pareciera que están esperando algo, aunque no lo sabemos con certeza. Una habitación lo suficientemente iluminada como para que se perciban unos a otros, por cierto. No es lo central, digamos, pero es importante aclarar que pueden verse sin problemas. Saben que los otros están ahí, quiero decir. Que no son los únicos en aquel sitio. Sentados, en su mayoría, aunque también hay un par que están de pie. Apoyados en la pared, estos últimos, como si se hubiesen cansado también de estar sentados. Y claro, tú los observas tanto tiempo que de pronto comienzas a dudar de lo que ves. Si son cómo tú esos que están ahí. Y qué los hace serlo, ya que comenzamos a cuestionarnos. Y claro, si bien no hay diálogo entre ellos te fijas que, de vez en cuando, se repiten algunos movimientos. Por ejemplo, uno de ellos bosteza y otro más allá también lo hace, por reflejo. No es una situación infinita, por supuesto, pues rara vez al segundo sigue un tercero y, sinceramente, no hemos llegado a ver un cuarto. Y sí, puede ser triste comprobar la humanidad por ese rasgo. Que esa sea la última evidencia, me refiero. Además, hay otras especies, hoy en día, con ese rasgo. Pero claro, es algo a lo que nos aferramos hoy por hoy, cuando observamos. Una habitación llena de personas, decía. Aparentemente esperando. Ojalá ellas sepan lo que son.

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