En Lisboa, vi cómo se llevaban a una mujer que estaba haciendo alboroto fuera de unos locales de fado.
Primero la detuvieron unos guardias y luego llegó un pequeño carro policial en el cual la subieron.
Como no entendí bien qué pasaba le pregunté a un hombre que tenía un pequeño puesto, en el que vendía postales.
-Estaba drogada -dijo el vendedor, sin darle mucha importancia-. Decía que el sol no era el sol. Y que el sol verdadero era saturno.
Pensé que había entendido mal, pero sus palabras habían sido claras.
Por otro lado, pensé, no creo que valga la pena profundizar en ese asunto.
De cualquier modo, como me quedé ahí, junto al vendedor, este agregó:
-Además empujó a una anciana y parece que mordió a un guardia.
Yo asentí.
Luego, en agradecimiento, compré una postal en la que se veía una pared de piedra, aparentemente muy antigua.
-Buena elección -me dijo el vendedor.
No parecía burlarse.
La metió en un sobre café, de papel antiguo, hecho aparentemente con la página de un libro.
Pagué mientras intentaba reconocer a qué libro había pertenecido aquella página.
-También tengo velas de cera -me ofreció el vendedor- Le alcanzan para tres.
-De acuerdo -dije yo.
No sé por qué, pero mientras me alejaba, pensaba que lo mejor era encender juntas esas tres velas.
No sé por qué.
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