sábado, 26 de septiembre de 2026

Los diarios de Schnitzler.


Ella se defendió de un asalto golpeando al tipo con un libro grande, muy grueso. Era un libro con los diarios de Arthur Schnitzler. Le dio al ladrón una gran cantidad de golpes con el lomo del libro, tanto en el rostro como en la parte posterior de la cabeza, incluso cuando el tipo cayó al suelo. Al final el ladrón tuvo una fractura en la nariz y terminó perdiendo parcialmente la visión de uno de los ojos. Era un hombre pequeño, que se sorprendió ante la embestida de la mujer, quien se abalanzó sin pensarlo sobre él. El libro también resultó dañado durante el enfrentamiento, por cierto.

Le había prestado el libro hacía apenas unos días antes del incidente. Ella comentó algo sobre el romanticismo y no sé bien por qué terminé prestándole el libro de Schnitzler. Ella no leía mucho, en ese entonces, pero se interesó tras saber de algunos aspectos de la vida del escritor austriaco. Creo que yo mismo se los conté mientras hablábamos aquel día. Tiempo después, tras contarme del intento de asalto, me dijo que lamentablemente no me iba a poder devolver el libro, ya que este había resultado muy dañado.

-Intenté arreglarlo, pero no pude –me dijo-. Además varias páginas terminaron con manchas de sangre.

-Igual me interesa recibirlo así –le dije-, para mí no es problema.

Ella entonces me miró tranquila, sin alterarse en lo más mínimo.

-De cualquier modo no va a poder ser –dijo ella, negándose a agregar nada más.

Yo pensé en insistir y reclamarlo de vuelta, mientras la observaba.

Luego, sin embargo, consideré que ya era tarde para eso, y lo dejé ir.

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