Discutimos. Uno exige explicaciones de por qué hay tantos y el otro responde diciendo que solo hay uno. Todo resulta un poco confuso. Yo mismo –que soy uno de los que hablo-, no sé muy bien qué postura defiendo. Ambos miramos en una misma dirección, mientras discutimos, y no es hacia el otro. De cierta forma eso es bueno, aunque confunde un poco. Evitar observar de dónde proviene la voz, me refiero, y elegir mirar desde dónde provienen las palabras. O el significado de ellas, más bien. La referencia. Sí, eso es. La referencia. Estamos hablando de paisajes, por cierto.
Cosas que dice uno:
Lo que pasa es que nos engañamos pensando que el paisaje existe por sí mismo… Y no me refiero a la diferencia entre lo natural y lo cultural… El engaño es otro y no es evitable, es cierto, pero al menos puedes elegir no olvidarte de eso. Y no intentar una y otra vez describir como si así capturaras algo…
Cosas que dice el otro:
Me cago en Simmel. Hace como que dice, pero al final no dice nada. O no lo soluciona al menos. También me cago en Ingold, por cierto. Y si me queda mierda salpico también el robo de Susskind a Smolin con la idea esa del mapa de todas las soluciones matemáticas posibles…
Seguimos discutiendo. Hace pocos días cambiaron la hora así que oscurece un poco más tarde. Si habláramos sobre eso estoy seguro que también lo discutiríamos. Eso es lo que ocurre, a fin de cuentas. Eso es lo que debe pasar.
Tememos otra cosa.
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