viernes, 26 de junio de 2026

Entrada y Salida.


Trabajé hace años en un colegio que tenía un pequeño auditorio, en el subsuelo.

Dicho auditorio tenía una puerta de entrada y una de salida.

Ambas puertas eran absolutamente iguales salvo por el letrero sobre ellas, que las identificaba.

“Entrada” y “Salida”, decían los letreros, sobre cada puerta.

Cuando ingresé al colegio, por cierto, el auditorio ese todavía no se utilizaba.

Poco antes que se inaugurara, meses después, nos citaron a todos para realizar una especie de inducción sobre su uso.

Funcionamiento de las luces, conexiones eléctricas, uso del proyector… cosas de ese estilo.

Lo extraño –o lo que a mí me pareció extraño, al menos-, fue que enfatizaron en la utilización correcta de las puertas.

-No dejen que los estudiantes entren por la puerta de salida ni salgan por la de entrada –nos dijeron, en más de una ocasión.

Sin argumento alguno, por cierto.

No es que el colegio en cuestión fuese estricto –que no lo era-, a lo que apunto acá es a la extraña naturaleza de las indicaciones que nos entregaban.

Sé que alguien podrá pensar que había una razón detrás de esto, como que la puerta de salida estaba más cerca de una zona de evacuación, por ejemplo, pero lo cierto es que era todo lo contrario.

Instrucciones arbitrarias, simplemente, pero que seguimos al pie de la letra por varios años.

Los estudiantes, por cierto, tampoco las cuestionaron.

Cuando dejé ese trabajo, años más tarde, cambié un letrero por otro.

No sé si alguien, alguna vez, se enteró de aquello.

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