martes, 28 de abril de 2026

No le gustan los días despejados.



No le gustan los días despejados.

Con el cielo despejado, quiero decir.

Antes sí, tal vez, pero en los últimos años es algo que la molesta.

La ponen de mal humor, aunque no quiera.

Ella misma me cuenta que a veces despierta molesta y luego sale a comprobar cómo está el cielo.

Y sí, descubre entonces que el cielo está despejado.

No tiene que ver con la temperatura, aunque ciertamente tampoco le gusta el calor.

Así y todo, puede estar despejado y haber una temperatura agradable y su molestia es la misma.

No me gusta mirar el cielo y solo ver el cielo, me dice.

O sea, no ver nubes, explica.

Es como si algo le faltara.

Como si el día hubiese comenzado sobre una especie de lienzo que no alcanzaron a terminar.

Me siento incómoda… molesta, concluye, como si alguien me estuviese viendo.

Mientras habla yo la escucho y prácticamente no comento nada.

Igualmente, en todo caso, no sabría qué opinar.

Después de todo, se trata de sensaciones suyas, simplemente, y además hoy está despejado así que terminaríamos discutiendo si agregase algo más.

¿A ti no te pasa?, me pregunta, luego de un rato.

No, le digo.

Prefiero los días nublados y mejor si hay lluvia, pero creo no molestarme cuando no está así.

Ella me mira y parece de pronto cambiar su actitud.

¿Y entonces qué te molesta?, me dice.

Como me descolocó su pregunta me quedo en silencio un rato, buscando una respuesta.

¿No sabes?, insiste.

Sí sé, le digo.

Nos quedamos mirando, en silencio.

No voy a ser yo el siguiente en hablar, pienso.

Y cuento hasta diez.

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