I.
Leo que en un laboratorio canadiense han conseguido crear los microbios más grandes del mundo.
Tan grandes son que, según se dice, han debido dejar de llamarles microbios y nombrarlos de otra forma.
No se trata de organismos naturalmente visibles al ojo humano, sino que los han modificado para que crezcan y puedan verse –ahora sí-, a simple vista.
Desconozco, por cierto, la utilidad de hacer crecer estos microbios… o como se llamen ahora.
Y desconozco también, si hay un límite, para tales crecimientos.
II.
Creo que el tipo de microbios que mejor respondió al crecimiento artificial, han sido las bacterias.
No todas, por supuesto, sino algunas de tipo espirilos, que han llegado a crecer cerca de ciento quince veces su tamaño.
Observo imágenes de ellas, pero lo cierto es que siguen teniendo las mismas estructuras, que tenían cuando eran más pequeñas.
Dicho esto, debo confesar que todo este asunto de las dimensiones, no me sorprende ni me asombra en lo más mínimo.
III.
De pequeño soñaba que cambiaba dimensiones.
No yo, exclusivamente, sino todo aquello observable que estuviese formado por materia.
Pensaba por ejemplo que, tras despertar un día x, todos podíamos medir kilómetros de más (o de menos), pero como el mundo, los astros y los elementos que utilizamos como unidades de medida también habían crecido, nos era imposible darnos cuenta.
Esto me angustió por un tiempo hasta que asimilé que la angustia –y las emociones en general-, también te afectaban en función de las dimensiones, la perspectiva y la distancia con que te vinculas con ellas.
Por ejemplo, un monitor de cien pulgadas a tres metros de distancia, llena el campo visual de la misma forma como lo hace una pantalla de cincuenta y cinco pulgadas a un metro y medio de distancia.
Es extraño que nadie, prácticamente, se anime a reconocerlo.
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