I.
Dicen que viajó a esa zona para esconderse.
Nunca dijeron de qué.
Yo que lo vi varias veces pensaba que era cierto.
Es decir, yo pensaba que se estaba escondiendo.
Un día se lo dije y le pedí confirmación.
¿Confirmación de qué?, me preguntó.
Confirmación de que te estás escondiendo, le contesté.
Él quedó en silencio un buen rato.
Luego me miró a los ojos, como si quisiera intimidarme.
Todos nos estamos escondiendo, me dijo, muy seguro, como si fuese una verdad.
¿Y de qué te estás escondiendo tú?, le pregunté.
Todos nos escondemos de lo mismo, me contestó, mientras se volteaba.
Entonces, aunque sin creerle del todo, comencé a reflexionar sobre qué era aquello a lo que todos le temíamos.
Y claro, no conseguí dar con cosa alguna.
II.
Él vivía en una cabaña que estaba junto a un arroyo.
Ahora permanecía solo, pero hasta hace un par de años vivía con una joven que aparentemente era su hija.
No es que yo pensase que no lo era, pero me limito a repetir lo que expresaban en el lugar.
Lo que más comentaban era que la chica –una adolescente en ese entonces-, no se le parecía en nada.
Tiempo después, cuando no la volvieron a ver y él contó que ella había viajado para estudiar en la ciudad, varios pensaron que incluso podía haberla asesinado.
Por lo mismo, alguno de ellos llamó a la policía, quienes tres o cuatro semanas después, llegaron al lugar.
III.
Los policías encontraron al hombre en los alrededores de la cabaña y le preguntaron entre otras cosas, por qué estaba ahí.
El hombre lo pensó largo rato, pero no se le ocurría qué decir.
Después de todo, estaba ahí únicamente porque no estaba en otro sitio, pensó.
-¿Huye de algo?-, le preguntaron.
-Tal vez –contestó el estudiante-. Pero no es por algo malo que haya hecho.
Uno de los policías intentó anotar el hecho, pero no logró hacerlo.
-Me sigue a mí como seguiría a otro –intentó aclarar el hombre.
-Ya –dijo el policía.
Finalmente, le entregaron una orden para presentarse a declarar.
IV.
La declaración del hombre fue breve pues cuando llegó a hacerla ya habían encontrado a la chica.
No estaba estudiando, como había dicho, pero al menos se encontraba viva y trabajaba en una tienda de vestuario.
Por lo mismo, al hombre solo le hicieron preguntas que ayudasen a verificar sus datos personales.
Luego de esto, el hombre volvió a vivir en su cabaña, cerca del arroyo.
Seis años después, aproximadamente, el arroyo se secó.
Y la historia de ese hombre, casi al mismo tiempo, se detuvo.
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