domingo, 26 de abril de 2026

Lo que creo, no lo que sé.



Lo que creo, no lo que sé.

Lo que sé es poquito.

Una vez logré escribirlo y fue apenas como un haikú.

Uno breve, además, y que se borró de inmediato, como el estornudo de un niño.

¿Pueden recordar ustedes cómo es el estornudo de un niño?

Yo a veces creo que puedo, pero luego lo intento y comprendo que no.

Y entiendo entonces que desde aquella vez en que logré escribir eso poquito que sabía, ya ni siquiera sé eso.

No sé escribirlo otra vez, quiero decir.

Ni sé leerlo.

Y por eso, en definitiva, lo que hoy llevo conmigo es lo que creo.

No lo que sé.

Ese poquito se dijo una vez y ya no está.

No es que lo lamente, en todo caso, simplemente lo menciono como un hecho.

O lo siento, más bien, como un hecho.

Un hecho que ni siquiera pesa, pues no creo llevar, sobre mí, peso alguno.

Es extraño decirlo así...

Sin duda es extraño, pero a la vez es cierto.

Te quedas con lo que creas y lo que sabes te abandona y dejas, de cierta forma, de saberlo.

No es que dudes de aquello, pero lo dejas ir.

Y aligeras tu peso.

Además, descubres entonces que creer es algo que ni siquiera se carga.

La creencia eres tú, en el fondo, te comprendes.

Basta y sobra con eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales