viernes, 10 de julio de 2026

Ella se inventaba toda clase cosas.


Ella se inventaba toda clase cosas.

Frases, por ejemplo.

Me refiero a qué inventaba alguna frase y luego decía que era un dicho popular de algún país.

Una que recuerdo es esta:

No arrancarse los ojos, pero sí pisotear las imágenes.

La recuerdo porque utilizó la frase en una polera, que me regaló.

Estaba pintada a mano.

También tenía un dibujo pintado directamente sobre la tela.

Parecían manchas, en realidad.

Al regalármela me dijo que el dibujo era copia de un cuadro de un pintor polaco, y la frase, un antiguo dicho sefardí.

Y yo creí, por supuesto, porque sus palabras sonaban a verdad y no tenía por qué dudar de ella.

Sin embargo, con el tiempo, varios de nuestros amigos en común comenzaron a refutar algunas de sus historias.

Además, con internet se les hizo más fácil desenmascararla.

Así y todo, si soy sincero, a mí no me molestaba que sus historias fuesen falsas.

Y hasta me alegraba un poco –secretamente-, que lo fueran.

Lamentablemente, los otros seguían molestos y me pedían que hablase con ella y le exigiese mayor honestidad.

Y yo –no sé decir por qué-, nunca quise hablar sobre aquello, directamente con ella.

Tal vez por eso, ella decidió despedirse únicamente de mí, antes de marcharse.

Se había desecho del celular, incluso, para que nadie la contactara.

Esa vez, me pidió un número de cuenta para devolverme, alguna vez, el dinero que me debía.

Yo le anoté en un papel una cuenta falsa, para no hacerme falsas expectativas.

Luego nos reímos, recuerdo, pero no sé de qué.

Y nos despedimos.

Han pasado años, desde entonces, pero todavía creo que es la persona más honesta que he conocido.

Distinta cada vez, pero honesta.

A veces sueño que la vuelvo a ver.

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