sábado, 24 de enero de 2026

Un perro.


Mientras tomaban desayuno ella le dijo que tendrían un perro. No se lo propuso como una posibilidad, sino que lo manifestó directamente, como un hecho. Había pensado varios días cómo plantearlo y había llegado a la conclusión que no funcionaría de otra forma.

-¿Y para qué quieres un perro? –preguntó él.

Ella no contestó de inmediato. Eso era también parte de su estrategia.

-Para que ladre –dijo ella, mientras le echaba un poco más de palta al pan.

-¿Para nada más?

-No –dijo con cierta indiferencia-. Para que ladre, esencialmente.

Él la observó mientras tomaba su café. La veía seria, aunque tranquila. De cualquier forma, distinta a lo habitual.

-¿Estás molesta? –preguntó él.

-¿Molesta? –dijo ella, mirándolo tranquila-. No, para nada.

-Pero estás distinta –dijo él, luego de un rato.

Ella se levantó a buscar el salero.

-Le faltaba sal a la palta –dijo-. Creo que no le había puesto.

Él la observó echarle sal a la palta y seguir desayunando, como si nada.

-¿Un cachorro o un perro? –preguntó él-. O sea, un perro ya más grande...

-Cachorro –dijo ella- Será problemático un tiempo, pero luego se acostumbrará mejor.

Él pensó en preguntar a qué se tenía que acostumbrar el perro. Pero luego decidió que no. Además era cosa de observar un poco y podría adivinarlo.

-Estoy de acuerdo –dijo él, entonces, pues comprendió que convenía estar de acuerdo.

Ella no contestó. Siguió como si nada y poco después recogió sus cosas de la mesa.

Él pensó en acercarse a ella, darle un beso, o hasta bromear un poco, pero recordó que no lo hacía hace bastante tiempo. Incluso pensó en ladrarle si es que era eso lo que ella quería.

No lo hizo, por supuesto. Sin embargo, sentía que debía decir algo. Cualquier cosa si es que iba a seguir ahí.

-¿Y has pensado como llamarlo? –preguntó por fin.

Ella estaba de espaldas, lavando la taza que había utilizado.

-No es necesario que tenga nombre –dijo ella-. ¿Para qué?

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