I.
Me complicó un poco entrar al local así que solo lo miré por fuera.
Más que nada para comprobar que lo que me habían dicho era cierto.
De igual forma, como todo se frente era de vidrio se podía ver de lo más bien.
Dentro, un hombre semidesnudo y con una espada en la mano rasuraba a un hombre común, que estaba tendido en una silla.
Los elementos del lugar, salvo la espada, eran los de cualquier peluquería o local similar.
Pero el que estaba trabajando, con la espada en una de sus manos era el que le daba el nombre al local:
Conan, el barbero.
II.
Tras verlo, debo reconocer que como humorada estaba bien, pero si el tipo ese iba a trabajar así todo el tiempo me parecía un poco más ridículo que ingenioso.
Además, estaba como fuera de lugar, ya que nadie y nada más estaba ambientado en ese espacio.
Así y todo, durante todo el tiempo en que trabajó en aquel local –cerca de seis meses-, nunca lo vi sin un cliente al cual atender.
Eso hasta que el local cerró, por cierto.
O los obligaran a cerrar, más bien.
III.
Según entiendo, creo que tanto Conan como los otros que trabajaban ahí estaban indocumentados.
Alguien los debe haber acusado pues la policía llegó de improviso a pedir papeles y detenerlos.
En las noticias dijeron que Conan, durante la detención, había atacado con su espada a dos carabineros, quienes se vieron obligados a dispararle en una pierna.
Extrañamente, en las noticias no comentaron nada respecto a la indumentaria de Conan ni a su particular forma de trabajar.
En el local desalojado hoy existe una vidriería y además hay una salita pequeña donde atiende una señora que ve el tarot.
Nunca he ido a que me vea las cartas, pero me la he encontrado en la panadería, un par de veces.
En la última ocasión, mientras hacíamos la fila para pagar, me dijo que, para vivir feliz en una casa, se debe tener a alguien encerrado en el sótano.
Yo no supe qué contestar así que simplemente sonreí y seguí en la fila.
Luego pagué y regresé a casa.
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