lunes, 9 de febrero de 2026

Lo que me faltaba.


No sé bien qué pasó. Fue una buena cita y todo estuvo fluyendo bien hasta que llegamos a su casa. Y claro, entonces yo quise ser honesta, pero al final se enredó todo. El problema comenzó cuando le dije que me faltaba un pecho. Sí, ya sabes, como una advertencia antes de desnudarnos. El punto es que apenas lo dije dejamos de fluir. O sea, yo estaba bien, pero él parecía pensar, hacer cálculos… Tan extraño se comportaba que me molesté. No me ofendí, sabes… pero me molesté. Es una resta infantil, le dije, no hay para qué calcular tanto. Él me miraba, un poco sorprendido. Dos menos uno es igual a uno, seguí diciendo. Es decir, tengo un pecho, todavía. El cáncer remitió y decidí no reconstruirlo, le expliqué. Él seguía callado. Por un momento incluso me sentí culpable… O sea, no es que lo hubiese traicionado o engañado de alguna forma, pensaba. Me refiero a que tener un pecho menos no es un dato que uno diga apenas conoce a otro para no herir sus expectativas. Eso seguía pensando cuando de pronto fue él quien habló y me preguntó que cuál era el que me faltaba. El izquierdo, le dije. Intenté bromear incluso diciéndole que el único problema real es que a él le sobraría una mano. Yo pretendía relajar la situación, hacerla fluir de nuevo… pero lo cierto es que él pareció asustarse más. ¿Qué te molesta?, le pregunté. ¿Era mejor que me faltara el derecho? Sorprendentemente él dijo que sí. Que lo que estaba calculando era eso. Una especie de cara y sello, me explicó. Según él, había decidido que si me faltaba el derecho él seguiría adelante, pero si era el izquierdo el faltante elegiría irse, sin más, y dejarlo hasta ahí. Yo lo miré para ver si hablaba en serio y comprendí que sí. Ni siquiera me pareció que mintiera. Por lo mismo, ahora la que pensaba y calculaba era yo. ¿Por qué es peor que falte el izquierdo?, pensé. Entonces elaboré una hipótesis. Absurda, probablemente, pero igual se la dije. ¿Es porque ahí está el corazón?, le pregunté. O sea, en se lado, ahí abajo. Él se demoró en responder y al final dijo que podía ser. Que en realidad no lo había pensado, pero podía ser incómodo escuchar los latidos más fuertemente, sin un pecho de intermediario. Lo miré para examinarlo. Luego, le pregunté nuevamente si hablaba en serio. En realidad no sé, me dijo. Lo cierto es que en principio fue una decisión arbitraria, por eso te explicaba lo de cara o sello. No hay razones para elegir, se supone. Solo te la juegas por un lado. Aunque si me haces racionalizar… Su tono terminó de indignarme. Reaccioné de golpe y me puse de pie, molesta. Lo encaré antes de irme: ¿Sabes que igual no me eres importante y que puedo irme con cualquiera, cierto? Él asintió e intentó excusarse. No te molestes, me dijo. Si te soy sincero tampoco sé si hubiese ido contigo a la cama si tenías los dos pechos, ¿sabes? Pensé en pedirle otras razones, pero al final desistí y traté de relajarme. ¿Y si hubiese tenido tres?, le pregunté. Él se rio, algo incómodo, pero no supo qué responderme. Al final, simplemente se puso de pie, me abrió la puerta y nos despedimos. Yo había estacionado afuera así que no hubo necesidad de hablar más. ya no estoy para esas cosas.

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