Soñó que se le caían los dedos de los pies. Fue un sueño largo, por cierto, y sobre todo extraño. Al principio, mientras los perdía, pensaba que no eran tan importantes. Que eran fragmentos de uno que podían desprenderse, digamos, y simplemente dejarlos atrás. Ya vienen incluso un tanto prepicados, pensaba. Un poco de relleno en los zapatos, tal vez, y ya está solucionado. O en los calcetines, en realidad. Tal vez había que preocuparse un poco del dedo gordo que es casi más pie que dedo, sobre todo si lo sientes por el costado... De cualquier modo, bastaba con relleno, no con prótesis, de eso parecía estar seguro. No es como perder un ojo, después de todo. O la lengua. Observaba sus pies, por cierto, mientras pensaba esto. Todavía le quedaban algunos dedos. Por ejemplo, aún tenía los pulgares en ambos pies, observó. También tenía el dedo a un costado del pulgar en el pie derecho –dudaba si llamarlo índice-, y el meñique en el pie izquierdo, aunque casi colgaba... Sí… Justo se desprendió, mientras lo observaba. No pensó en recogerlo, pues ya no era suyo. No me lo arrancaron, se dijo. No me mutilaron, no me lo corté… no hubo sangre ni dolor por pérdida alguna. Solo ocurrió que el dedo se desprendió y ya no es parte de uno. Sintió alivio, de cierta forma. Y es que no se sintió menos él. Únicamente se tambaleó un poco pues el equilibrio se hacía un poco más difícil. Trató de adaptarse, mientras seguía avanzando. Tenía clara la dirección en la que iba, pero no recordaba exactamente hacia dónde. Hacia qué lugar exacto, quiero decir. De cualquier modo, no alcanzaba a pensar en esto pues ya comenzaban a soltarse sus últimos dedos. Se desprendió otro y quedó con los pulgares. Tal vez estos no se desprendan, pensó. No son como los otros. Lamentablemente, apenas terminó de formular aquella idea, comenzaron a soltarse. Desde más atrás de dónde él creía. Eso ya es pie, alegó, pero no comprendió que no tenía a quién. Igual es un sueño, se dijo, tranquilizándose. Puedo perderlos todos y luego despierto y todos estarán ahí, como siempre. Solo necesito salir del sueño... ¡Plaf! Se desplomó justo cuando pensó esto. Ya no tenía dedo alguno en sus dos pies, comprendió. Igualmente, intentó ponerse de pie y avanzar, pero no podía sostenerse. Recordó entonces que ese era el sitio exacto al que se dirigía. A la puerta de salida del sueño. Si no alcanzo a volver, se dijo, el que se despierte no va a ser exactamente yo. Y tampoco va a saber que yo me desprendí de él y no pude volver, en el sueño. Cuando despierte él va a pensar que siempre ha sido él mismo y me dejará aquí, abandonado, en medio de mis propios dedos de los pies. Que ya tampoco son míos, pensó. Respiró hondo. Volvió a observarse ahora, tendido e incapaz de levantarse. Tal vez es lo que tenía que ocurrir, simplemente, se dijo. Tal vez solo era eso, y ocurrió. Sin lástima pensó todo esto, por cierto. Sin lástima, pero con una triste aceptación. Ya está hecho, dijo finalmente. Despierta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Seguidores
Archivo del blog
-
►
2025
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2024
(366)
- ► septiembre (30)
-
►
2023
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2022
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2021
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2020
(366)
- ► septiembre (30)
-
►
2019
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2018
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2017
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2016
(366)
- ► septiembre (30)
-
►
2015
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2014
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2013
(365)
- ► septiembre (30)
-
►
2012
(366)
- ► septiembre (30)
-
►
2011
(365)
- ► septiembre (30)
No hay comentarios:
Publicar un comentario