domingo, 28 de junio de 2026

Ellos y nosotros.


Todos decían que, en una casa abandonada, más allá de la colina, habitaban varios fantasmas.

Según contaban, podías incluso verlos a través de las ventanas, haciendo “vida de familia”, como si lo más natural fuese ser espectros.

Se sentaban a la mesa, charlaban, simulaban comer algo, jugaban cartas…

Parecían, en definitiva, pasársela bien.

Solo se diferenciaban de los verdaderamente vivos porque podías ver a través de sus cuerpos, y porque de vez en cuando traspasaban una pared o se elevaban un poco más de la cuenta, despegándose del piso.

Y claro, por las acciones que realizaban podías adivinar que pertenecían a otra época, pues no veías entre ellos a nadie usando celular y se relacionaban entre ellos de una manera más seria y formal, en comparación a lo que acostumbramos ver en nuestro tiempo.

Todo esto me lo contaron, en principio, pero una noche decidí asomarme al lugar y lo cierto es que yo mismo pude comprobarlo.

Parecían ser una familia común, pero de fantasmas.

Cuatro adultos y dos niños, fue lo que conté.

-De pronto puedo ir a escondidas hasta allá y asustarlos –les dije a los amigos con los que había ido-. Después de todo con ellos debe funcionar al revés… Y así como a nosotros nos asustan ellos, estoy seguro que ellos deben espantarse de nosotros.

Mis amigos aceptaron mi lógica y me impulsaron a ir de inmediato. Tal vez se dieron cuenta que lo había dicho simplemente por alardear y quisieron castigarme respaldando mi idea.

Poco después, me encontré abriendo la puerta de la casa donde vivían los fantasmas, con una antorcha encendida en una mano.

Mi intención era gritar una vez dentro, pero cuando estuve frente a ellos simplemente me paralicé, mientras los veía huir despavoridos en todas direcciones.

-¡Eso es…! –escuchaba a mis amigos gritar desde el exterior-. ¡Los asustaste…!

Minutos después, cuando recuperé la compostura y salí de aquella casa, lo cierto es que me sentí un poco culpable.

Después de todo, la noche estaba helada y parecía que pronto iba a llover.

Ojalá regresen pronto, recuerdo que pensaba cuando me dirigía a casa.

Ellos también, me dije, merecen un hogar.

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