(Ida)
-¿No me vas a acompañar, entonces?
-No. Ya te lo dije varias veces.
-Pero la idea es que lo pienses entre una y otra vez que me respondes. No que me repitas un no sin dar explicaciones.
-Te dije que tenía cosas que hacer.
-Pero no las estás haciendo ahora.
-Claro que no, ahora me tienes hablando de todo eso, pero igualmente las voy a hacer.
-En este rato en que intento convencerte ya estaríamos llegando.
-Pero no fue así. Y ahora habría que sumarle más tiempo al que ya hemos perdido.
-Vamos… Son solo quince minutos para llegar. Veinte a lo sumo. Acá vamos a seguir probablemente el mismo tiempo.
-Eso es solo el tiempo de ida.
-¿Cómo?
-Quince o veinte minutos es el tiempo de ida. Luego yo debo regresar y son quince o veinte minutos el tiempo de vuelta. Nadie nunca piensa en eso.
-No se trata de pensar, sino de ir. De actuar. Siempre estás pensando demasiado…
-Son por lo menos treinta o cuarenta minutos, según tus propios cálculos. Ida y vuelta, quiero decir. Eso más el tiempo que he pasado diciéndote que no, sumarían casi una hora. Y luego debo restársela al tiempo que tengo para realizar mis cosas…
-Pero si ya lo sumas no tienes por qué restarlo… Solo acompáñame y ya está. Por el camino me terminas de explicar tus cálculos…
-No hay nada que explicar. Todo lo que suma resta en algún lado. Te pasa lo mismo que con la ida y el regreso. Si te fijas, lo que pides es siempre el doble de lo que crees que pides…
-¿No vas, entonces?
-No.
-¿Puedo insistir al menos un par de minutos más?
-Puedes. No puedo evitarlo.
-…
-…
-Nah… mejor me voy.
-De acuerdo. Que todo ande bien.
-Gracias… Aunque igual podrías haber ido…
(Regreso)