jueves, 21 de mayo de 2026

Quemaron la casa en que nací, me dijo.


-Quemaron la casa en que nací -me dijo-. No buscaban atacarme, pero igual pensaron que estaría dentro y no se preocuparon en lo absoluto. Creían que iba a estar en ese sitio solo porque nací ahí, supongo. Así piensan ellos. Por eso buscaron el cuerpo entre los escombros, pero no encontraron nada. En la casa ya no vivía nadie y estaba medio destruida. Eso ocurrió dos meses antes que me contactaran.

-Cuando me contactaron -continuó-, yo estaba conduciendo de regreso a casa. Era de madrugada casi, y entonces vi unas luces y distinguí a alguien que me decía que me estacionara a un costado. Pensé que eran policías y luego, cuando me percaté que no, pensé que me querían robar el auto. Al final resultó que eran ellos, nada más. Me dijeron que querían hablar conmigo unos minutos. Que solo querían comprender, dijeron, y que luego me dejarían en paz.

-No me mintieron -dijo después, terminando su historia-. Hablaron conmigo unos minutos y luego me dejaron en paz. En esos minutos me contaron que quemaron la casa en que nací y querían saber por qué seguía vivo. No supe bien qué decirles, pero al parecer ellos comprendían incluso antes que yo dijera algo, pues asentían y parecían conformarse con esas respuestas que yo no había logrado expresar. “De todas formas, no en todos lados es así”, me dijeron. “El movimiento de ustedes no está bien. Eso de llevarse siempre con ustedes mismos, termina por desgastar y hacer daño”. Yo no entendí mucho entonces, pero creo que hoy en día ya los entiendo. Mi temperamento cambió desde que se fueron, esa vez, y creo que realmente me dejaron en paz.

-A todo esto -agregó, finalmente- ¿Tú no has quemado la casa en que naciste?

No contesté.

-Pues todavía estás a tiempo -concluyó-. ¿Comprendes de qué hablo…?

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