-Anoche soñé que cambiaban todas las partes de mi cuerpo –dijo F.
-¿Cómo…? –preguntó P.
-Que anoche soñé que cambiaban todas las partes de mi cuerpo –reiteró F.
-Eso ya lo escuché –dijo P-, lo que no entiendo es cómo puede ocurrir eso.
-Puede si van de a poco –intentó explicar F.-, primero te sacan una pierna, por ejemplo, y luego te operan y te ponen una especie de prótesis… luego un brazo o la otra pierna y así van avanzando… O sea, no de inmediato, pero cuando te acostumbras y ya sientes como parte tuya una parte integrada van y te cambian otra… o hasta los órganos internos…
-¿Y qué queda, entonces? –preguntó P.
-¿Qué queda de qué? –dijo F.
-De ti, cuando cambian todo… -explicó P-. Si es que cambian absolutamente todo ¿qué parte queda de ti?
-Pues no sé, en realidad –do F.-. Igual en el sueño yo sentía que seguía siendo yo, aunque luego del último cambio podía ver una especie de habitación en que estaban todas las partes que me habían sacado…
-¿Todas las partes? –preguntó P.
-Todas –dijo F.-, hasta los ojos, la lengua… todo.
-Y entonces –insistió P.-, ¿qué es lo que queda?
-Pues no sé… -contestó F.-, tal vez la consciencia, simplemente… Y la voluntad que permite mantener unidas las nuevas piezas.
-¿Crees que realmente existe eso? –quiso saber P.
-¿Algo que hace permanecer unidas todas las piezas?
-Sí. Eso.
-Pues no sé –dijo F-. En cualquier caso, recuerda que era un sueño.
-Pues eso no quiere decir nada –dijo P.
-Todo dice algo –sentenció F.-. Tú ves si lo escuchas o lo entiendes, pero todo dice algo.
-¿Y qué dicen tus partes? -Preguntó P. con algo de malicia--. ¿Qué dice tu yo desarmado?
-No habla por hablar –dijo F.-. De todas formas, si crees que necesitas que te diga algo, vas hasta donde ellos y espera atento, simplemente.
-¿Eso es todo? –preguntó P.
-Sí, eso es todo –contestó F.
Y claro, yo esperé que dijeran algo más, para transcribirlo, pero al final resultó ser cierto.