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No hay centro. En modo alguno hay centro. Todo lo que en algún momento cree estar en el centro está realmente en un rincón. Un rincón separado de otros, pero rincón al fin.
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Un rincón es algo similar a un lugar. Casi un lugar, de hecho… o como un lugar especial. Más pequeño y limitado, digamos, que un lugar tradicional. Sin nada a las espaldas de aquello que se encuentra en el rincón. Y con una única dirección posible de avance.
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Además, si lo analizas, descubres que salir del rincón no es del todo avance. Me refiero a que abandonas el rincón por esa dirección de avance que es el mismo camino que seguiste para llegar a aquel rincón. Retrocedes entonces, si te fijas. Probablemente –imagino-, para buscar algún sitio similar, pero otro. Y así sucesivamente.
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Como puedes ver, no está hecho para permanecer, un rincón. No es totalmente seguro, si somos honestos, ni menos cómodo. Y es que se trata sin duda de un lugar provisorio. Similar a otros lugares provisorios en los que te resguardas por momentos antes de dirigirte a otro sitio. Por si fuera poco, estar acompañado en un rincón no termina siendo bueno para nadie. Y el rincón se intenta transformar entonces en dos rincones. Hasta que entiendes que eso, por supuesto, tampoco es posible. Así.