miércoles, 16 de septiembre de 2026

Un joven trabaja en una funeraria.


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Un joven trabaja en una funeraria. No tiene un puesto de importancia, pero ayuda en varias cosas. No es el encargado oficial de nada, aunque sin duda es un trabajador útil. Sobre todo porque no les teme a los muertos. Ni temor ni rechazo, dice él, cuando alguien le pregunta. Antes trabajó vendiendo plantas, para pagarse los estudios. Luego, siguió trabajando, pero dejó de estudiar. En su actual trabajo a veces colabora en el aseo de los cuerpos. También le ha tocado vestirlos, maquillarlos y acomodarlos en el ataúd. Solo una vez le ocurrió un percance.

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El percance le ocurrió mientras vestía un muerto. Estaba solo, escuchando música mientras le acomodaba el cuello de la camisa. Usaba audífonos inalámbricos para escuchar música. Entonces vio desde lejos que venía su jefe y se sacó los audífonos y sin saber por qué se los puso en las orejas al muerto. Sin pensarlo lo hizo, como si los dejase ahí por un momento. Si hubiese estado masticando tal vez se lo hubiera metido en la boca. Entonces el jefe lo reprendió por una falla en otro trabajo y le dijo que fuese de inmediato a corregirla. Él se fue y la corrigió. Alguien más terminó de vestir al muerto y luego se lo llevaron. Con los audífonos, claro.

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Él intentó recuperar los audífonos, pero ya era tarde. Podía ir hasta el lugar donde se realizaría el funeral, pero en parte el ataúd ya estaba sellado. Con un vidrio, claro, para que los parientes vieran al muerto, pero no iba a andar abriéndolo para recuperar los audífonos. Además, el problema no era recuperarlos sino tener que explicar la situación si alguien los veía. Nadie los vio, sin embargo. O nadie reclamó, al menos. Desde entonces, han pasado un par de años, sin ninguna novedad. De hecho, ese es el último percance que le ocurrió, según cuenta. Tuve más anécdotas cuando vendía plantas, dice, pero nadie me pregunta de aquello. Yo, ciertamente, tampoco lo hago.

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