domingo, 20 de septiembre de 2026

El vapor que sale del arroz blanco.


*

Te acercas a la olla
para sentir el vapor que sale
del arroz blanco.

Solo un momento te acercas
y está bien.

Con eso basta, digamos.

Luego apagas el fuego
y te alejas un poco.

Como si guardases silencio
después de decir una verdad.

O como dios se aleja
luego de soplar la arcilla.


*

Sirves un poco de arroz en un plato.

Arroz blanco en un plato blanco.

Todavía sale vapor del arroz que ahora está en el plato.

Ya no sabes si mirarlo o no.

De cualquier forma, el plato está frente a ti.

Amplio, cuadrado, con el arroz un poco al centro.

Lo miras como si estuviera muriendo, al arroz ese.

Naciendo y muriendo, en realidad.

Lo que te gustaría es comer el vapor que va ascendiendo.

O ascender con él, directamente.

O en realidad quién sabe.


*

Pasan los minutos.

Has comido un poco de ese arroz,
pero lo importante ya ha pasado.

No hay vapor, me refiero.

Sabías que iba a pasar,
simplemente,
y pasó.

Aunque eso, por supuesto,
no consuela.

Ahora, lo que queda del día
y lo que queda del arroz
son prácticamente la misma cosa.

Nada malo en todo caso.

Nada terrible.

Al menos, existió.

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