Lo veo prácticamente todas las noches hurgando en la basura. Sacando y revisando bolsas desde unos contenedores que reciben la basura del edificio en el que vive. No viste mal ni se observa que tenga algún tipo de problema o condición especial. Simplemente saca bolsas, hurga en ellas y luego vuelve a dejarlas dentro. Un día hablando con una vecina, ella me cuenta que lo conoce y que ha hablado con él en varias ocasiones. Incluso le ha preguntado directamente sobre qué es lo que hace con la basura.
-¿Y qué es lo que hace? –le pregunto a la vecina.
-Nada malo –me contesta-. Solo registra la basura porque siente que botó algo.
-¿Cómo…?
-Eso es lo que él explica… -cuenta ahora la vecina-. Dice que se angustia por las noches sintiendo que perdió algo y luego piensa que tal vez lo haya botado a la basura y como ya la ha sacado debe ir y revisarla…
-¿Y qué es lo que pierde?
-Dice que no tiene claro qué es, que es más una sensación… -me dice la mujer-, pero él no puede evitar salir a buscarlo... Es como lo de abrir el refrigerador sin saber qué se quiere, más o menos... aunque supongo que con más desesperación…
-Pero, ¿sabe él que está mal? ¿O que es extraño, al menos? –pregunto.
-Claro –contesta la mujer-. Él lo cuenta avergonzado, pero dice que de verdad no puede evitarlo. De todas formas, yo misma le digo que no es tan grave. Después de todo no le hace daño a nadie, solo hurga un rato en la basura y ya está. Es como te decía antes, al final, o sea, todos buscamos de cierta forma algo que no sabemos… unos buscan en el refrigerador, otros en la basura… otros no sé… leen libros, hacen yoga…
-¿Yoga…?
-Bueno, tal vez el yoga no –dice ella, pensando-. De pronto el yoga es para olvidarte que tienes que buscar fuera. Para convencerte de que todo ya está dentro, creo yo. Que si perdiste algo no importa, porque lo tienes dentro…
-Ya… -digo yo-. Pero entonces el tipo de la basura…
-Hay que dejarlo, simplemente –concluye-. Que rebusque en las bolsas, así como todos rebuscamos en algún sitio.
-De acuerdo –le digo-. Si no le hace daño a nadie…
-No, no le hace daño a nadie –asegura, mientras se aleja-. Y aunque lo hiciera, en realidad… no es tan malo el daño, como dicen.
Yo la observo irse y me quedo ahí un rato, como esperando otra frase, que no llega.
Luego, simplemente, comienzo a pensar en otras cosas.
Nada muy profundo, en realidad.