Nunca he lanzado la jabalina. No me llama la atención en lo absoluto. O sea, conozco la disciplina y debo haber visto alguna imagen en televisión alguna vez, pero no tenía ningún conocimiento ni interés particular en ella. Ni en ningún otro deporte en particular, si soy sincero. Aclaro esto para decir que verme a mí, en mi sueño, con una jabalina en la mano y alistándome para el lanzamiento me sorprendió más que a nadie. Estaba de pie, sobre el césped, con ropa deportiva y sosteniendo la jabalina más o menos a la altura de mi cabeza. La sostenía con el pulgar y mi índice, firmemente, en una zona encordada para que no se deslizara. Recuerdo que hacía cierto ángulo con mi cuerpo y poco después comenzaba a acelerar poco a poco con la jabalina en lo alto. Es extraño, pero puedo asegurarles que en el sueño conocía la técnica. En el momento de mayor velocidad, por ejemplo, sabía que debía detener de golpe una de mis piernas para girar con mi cuerpo e impulsar con mayor fuerza la jabalina, impulsándola no solo con la fuerza del brazo sino con la torsión de todo el cuerpo. Así y todo, en el sueño ocurrió algo todavía más extraño. Y es que, si bien logré lanzar la jabalina, sentía que parte de mí se había olvidado de soltarla e iba aferrado a ella a medida que avanzaba por el aire. Es decir, parte de mí –la parte consciente-, se quedaba en el sitio de lanzamiento, pero parte de mí se alejaba inexorablemente aferrada a la jabalina, como si se hubiese desprendido de mí, quién sabe por qué razones. Pensé entonces, en el sueño, que si seguía lanzando jabalinas mi yo iba a quedar cada vez más disminuido, pues parte de mí se desprendería y alejaría en cada lanzamiento. Más disminuido, pensé, pero también más ligero. Por lo mismo, debo confesar que seguí lanzando una y otra vez la jabalina, en el sueño. Una y otra vez hasta olvidar casi completamente quién era yo y para qué lo hacía. Con esa sensación me desperté, de hecho, poco después. Liviano, de cierta forma, pero también sin sustancia, o con muy poca. Una buena sensación, a pesar de todo, me dije. Y comencé el día.
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jueves, 24 de septiembre de 2026
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