domingo, 19 de julio de 2026

Listo para la tierra.


Vestirse y desvestirse.

Está bien, pero… ¡¿tantas veces?!

Cualquiera se cansa, después de un tiempo.

Y si no te cansas, al menos te confundes.

Una vez por ejemplo don Sergio, un señor mayor que vive en la esquina.

Salió a comprar desnudo de cintura para abajo.

Dijo que iba por algo para la once, cuando lo detuvo un guardia municipal.

No hizo preguntas, sino que lo subió al carro e hizo sonar las sirenas.

Luego pasaron por la calle para comprobar domicilio y ubicar a algún pariente.

Entonces les explicaron a los guardias que don Sergio no tenía parientes.

Que era tranquilo y que nunca habíamos visto nada raro en su conducta.

Son casi ochenta años vistiéndose y desvistiéndose, dijo él, a modo de excusa.

Los guardias lo dejaron en su casa, según entiendo, luego de cursarle una multa.

Se habló semanas, sobre la situación.

Yo también me he equivocado, dijo doña Marta, un día que salió a comprar verduras.

Solo que yo no salí desnuda, sino que me vestí dos veces.

Cuando yo tomaba más, dijo don Lalo, una vez porfiaba con quitarme la ropa, pero ya estaba desnudo.

Me arañé la piel y desperté hasta con heridas, dijo riendo. Después no tomé como en dos meses.

Hubo otras historias que ya no recuerdo, pero al final, como siempre, la situación se olvidó.

Y todos, por supuesto, seguimos vistiéndonos y desvistiéndonos hasta el cansancio.

Debiese existir un punto medio, digo yo, cuando pienso esto.

Una forma de evitar el absurdo ese... 

O en el peor de los casos cambiarlo por otro.

No es que sea un gran tema, pero me he acordado hoy, pues hace unas horas se han llevado a don Sergio.

Vino una ambulancia, pero se fue despacito, así que yo creo que no se viste ni desviste más.

O no por sí mismo, al menos.

Ya estaba listo para la tierra, comentan los vecinos, que salieron a mirar.

Todos, pienso yo.

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