Subiendo un cerro, siendo adolescente, encontré una vez una pistola.
Estaba a mal traer, algo oxidada incluso, pues parecía haber estado varios años en el lugar.
En específico, la encontré bajo unas rocas, donde aparentemente había sido escondida, aunque la tierra sobre el lugar y el óxido delataba que había sido abandonada.
Recuerdo que en ese entonces le di vueltas pensando aquello.
Es decir, reflexionando sobre si el arma había sido escondida, abandonada u olvidada.
De hecho, escribí algo al respecto en ese tiempo, y terminé desechando la idea que hubiese sido olvidada.
Nadie se olvida realmente de un arma, concluí esa vez.
Llevé la pistola conmigo y averigüé sobre el modelo.
Era un modelo argentino de una pistola Browning.
M90, creo que era.
Me lo aseguró un tipo que tenía un bar en el Cajón del Maipo y que además me ofreció comprarla.
Yo me negué, en principio, hasta que vi en el bar un par de dibujos de Juan Emar, que estaban mal enmarcados.
El dueño del bar no tenía idea de donde habían salido y no les daba valor alguno.
Así, resultó que finalmente cambié la pistola esa por los dos dibujos, y supongo que ambos sentimos que salimos ganando.
Lamentablemente, con el tiempo perdí esos dibujos.
No sé muy bien cómo, pero es probable que los haya escondido para que no se dañaran y luego no recordara dónde.
Un poco como la pistola, supongo.
De ella, por cierto, tampoco volví a saber nada.
Estoy seguro que al menos, cuando la cambié, le quedaba un tiro.