Un libro con las cosas que no quiero saber.
Con ese título, incluso, me refiero.
A un costado del pasillo. En el fondo.
Justo en el estante más alejado y en la parte más alta de la biblioteca.
Un libro voluminoso, por cierto, con al menos mil quinientas o dos mil páginas.
Tapas gruesas, hoja delgada, tipo Biblia.
Supongamos que está ahí, donde decía.
Que un día observas tu biblioteca mientras buscas otra cosa y recuerdas que está ahí.
Proscrito prácticamente y sin duda olvidado hasta ese instante.
Pues bien, respecto a él quería preguntarte:
¿Qué es lo que haces cuando lo ves?
¿Te animas a traer un banco y encaramarte para sacarlo?
Piénsalo bien, antes de responder.
Camina por el pasillo, en tu mente, y ubícalo entre los otros, desde abajo.
¿Lo sacas del lugar donde se encuentra?
¿Lo desempolvas y lo llevas contigo apreciando su peso?
Un libro con las cosas que no quiero saber, observas que está escrito, también en su portada.
¿Terminas abriéndolo e indagando en aquello que no debiese interesarte?
¿Sabes realmente, antes de abrirlo, lo quieres y lo que no quieres saber?
Y si lo sabes, ¿elijes vivir guiado por lo que sabes de ti mismo?
Puedes no responder, por supuesto, pero te pido que lo pienses.
Un instante, al menos, antes de seguir.
Un libro con las cosas que no quieres saber, al fondo del estante.
¿Lo necesitas, acaso?