I.
En los coros siempre hay uno que no canta y solo mueve la boca.
Siempre pensé que yo sería ese, de estar en un coro.
Luego, cuando estuve en uno, descubrí que el que no cantaba era otro.
Yo cantaba bajito, es cierto, pero igual lo hacía.
II.
El tipo que no cantaba es alto, bastante mayor y parece extranjero.
Me refiero a qué mira a todos como si no comprendiese el idioma.
De hecho, cuando mueve la boca, fingiendo cantar, no lo hace del todo bien.
Al finalizar el ensayo hablo con él. Me dice que se llama Jarek Jaskolka.
III.
Me lo cuenta solo a medias, pero yo comprendo que viene huyendo de algún sitio.
No es que huya del lugar, por supuesto, sino de alguien que lo busca.
Varias veces, de hecho, me pregunta si alguien ha preguntado por él.
Ella cree que si me mata me convierto en una llave, me dice.
IV.
Lo vi en tres ensayos más y luego el tipo dejó de ir.
Tal vez alguien descubrió que no cantaba y le dijo que no volviese a ir.
Para cubrir su puesto llamaron a probarse a varias personas.
Al final seleccionaron a una pareja de hermanos, así que yo cedí mi lugar.
V.
Volví a ver a Jarek Jaskolka en un bar, unos meses después.
Nos saludamos brevemente y él me preguntó por el coro.
Yo le confesé que no sabía nada desde que me había ido, días después que él.
A ninguno de los dos, en todo caso, nos interesaba realmente aquel tema.
VI.
¿Crees que soy bueno o que soy malo?, me preguntó esa vez, antes de despedirnos.
Nadie es bueno ni malo, le dije. Todos fingen.
Entonces, observé que tenía una navaja en una de sus manos.
Todos fingen, repetí, mirando hacia otro lado. Y me marché.