“Abrid el Sileno, encontraréis lo contrario
de lo que se muestra”
E.
A veces en otro tiempo.
En un tiempo de estatuas.
Sin verbos en ese tiempo.
Ruinas, tal vez…
Viento.
Tantas estatuas en tantos sitios.
Extrañas, algunas.
Hombres tal vez, entre ellas, pero escasos.
Más estatuas, que hombres.
Últimos, ellos.
Tardíos.
De movimiento escaso.
Todo ruinas y estatuas.
Dañadas, algunas.
Lluvia en ocasiones.
Sin palabras ni gritos.
Ecos, apenas.
Musgo en los pies de las estatuas.
Pies partidos.
Grietas desde el rostro a los pies.
Sonido del viento.
Extrañas notas, entre las ruinas.
Un bicho al interior de una grieta.
Y siempre más estatuas.
Ojos fijos.
Polvo sobre la piel de piedra.
Tiempo.
Este tiempo.
Este tiempo y aquí.
No otro.
Siempre este y ya sin verbos.
Polvo, viento, musgo, grietas…
Poco, a fin de cuentas.
Residuos, casi.
Un hombre o unos pocos, pero hace mucho.
Por ahí.
Entre las estatuas.
Mudos, como ellas.
Grietas también.
Polvo y viento.
Musgo en los pies, casi.
Pobres hombres.
Los últimos.
Quietos, como ellas.
Indistintos, pronto.
Casi ahora.
Todo ayer, de cierto modo.
Y entonces.
Sin verbos dentro de la piedra del lenguaje.
Quieta, como piedra.
Musgosa y agrietada.
Corazón de estatua, en el piso.
Todo siempre en el piso.
Mismo final.
Este, tal vez.
A veces en otro tiempo.
Otro tiempo, pero este, a fin de cuentas.
No otro.
Un tiempo de estatuas.