viernes, 7 de agosto de 2026

Encuentro mi pasaporte.


Encuentro mi pasaporte en un mueble viejo.

Supongo que ya está vencido.

No lo he usado en prácticamente diez años.

La mayoría de sus páginas están en blanco.

Lo observo sin pensar, sin recordar, sin sentir nada en lo absoluto.

Como si hubiese encontrado un cuaderno vacío.

Apenas me detengo en los timbres y en algunos números.

Son cifras vacías, nada más.

Como el puntaje que obtuve en un juego que apenas recuerdo.

Así y todo, no me decido a botarlo.

Probablemente lo guarde en algún sitio o lo meta al fondo de un cajón.

Y no es que quiera volver a encontrarlo, realmente.

Leo un poco, más tarde.

Unas páginas de un libro de Villoro que no me entusiasma.

Unos poemas de Luoise Glück, aparentemente mal traducidos.

Y una entrevista a Emmanuel Carrere.

Cuando termino me pregunto cuánto de lo que he leído hoy es cierto.

Y de qué forma es cierto.

Dormito un poco luego de leer, mientras pienso en estas cosas.

Mientras lo hago, se cruzan imágenes del pasaporte que encontré.

Hay más timbres, me digo, de los que deberían haber.

Eso pienso, mientras dormito, lejos de mi pasaporte.

No voy a repasar cuentas, concluyo, esta vez.

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