viernes, 4 de abril de 2025

Eso me complica.


De los demás, poco. Sus mentiras tal vez. Eso me complica. No las mentiras en sí, sino más bien no saberlas. No reconocerlas como aquello que son, quiero decir. Sí. Sin duda, es complicado. Y eso que no lo digo por mí, en todo caso. Después de todo yo me apaño bien entre ellas. El problema al que apunto es repetirlas luego, sin saberlas. Y hacerlas de esa forma, mis mentiras. Mis propias mentiras. Sí. Propias. Eso es. Que las mentiras de los otros se conviertan en mis mentiras, quiero decir. Eso me complica. No lo digo en todo caso pensando en mis palabras, únicamente. Las mentiras van ciertamente más allá de eso. Lo digo pensando, por ejemplo, en aquello que vemos. O en lo que veo yo, en este caso. Y es que me preocupa dejar de verlo como es, por no reconocer como mentiras las mentiras de los otros. Lo mismo pasa, por cierto, si pienso en las otras formas en que percibimos lo externo. En las distintas formas en que lo percibimos para luego transformarlo en algo nuestro. Puedes pensar en el mundo o hasta en uno mismo, en un espejo. Mentirnos porque mienten los demás, simplemente. Y porque no nos damos cuenta. Eso me complica.

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