martes, 1 de abril de 2025

Hombros sin cabeza / Una polilla


I.
Hombros sin cabeza. Sería mejor así, me dice. Tronco, extremidades y nada más. Llegar hasta los hombros y detenerse ahí. Si quieres un poco de cuello, pero sin cabeza. Hasta ahí puedo tranzar. Un trozo de cuello como un macetero lleno de tierra en la que no brota nada. Sí, sería mejor así, me dice. Miles de seres que lleguen hasta los hombros. Hombros sin cabeza. Estoy seguro que se las arreglarían bien. Chocarían de vez en cuando, es cierto, pero confío en el tacto. En la bondadosa naturaleza del tacto. Toda emoción sería piel. Toda creencia se congregaría en ese borde. Seríamos, probablemente, ese borde. Hombros sin cabeza, me dijo. Imagínalo así.


II.
Mientras me hablaba yo descubrí que había una polilla mordisqueándole su ropa. Bueno, en realidad no sé si mordisquean, pero vi la polilla en la parte baja de su chaqueta y la imaginé mordisqueando. Escuché lo que él decía, de todas formas, pero la polilla se convirtió en el canal por donde viajaba su mensaje. Entonces pensé que sin cabeza, tal vez no sería capaz de comprender la existencia de una polilla. Tal vez pudiese rozar una, alguna vez, pero quién sabe cómo la imaginaría. En eso pensaba hasta que él dejó de hablar y yo no supe entonces qué agregar o qué decir. Y claro, me limité entonces a asentir y nada más. Extrañamente, eso siempre deja conforme a los otros. O casi siempre, más bien. La polilla, mientras yo asentía, voló. En dos direcciones, creo.

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