Acá soy como Clark Kent.
No me pongo lentes, pero hablo un poco de otras cosas.
Esquivo aquellos temas en que no puedo ocultar mi intensidad.
Y río, entonces, acercándome a salidas que no son.
No me pongo lentes ni cambio mi peinado, pero de igual forma sigo los pasos de Clark Kent.
Ocupo su técnica digamos.
No es que lo piense o planifique, pero si analizo descubro de inmediato que eso es lo que hago.
Escribo artículos pequeños.
Noticias de hechos que apenas suceden o que no dejan marcas.
Describo huellas que se borraron, pero nuca detallo a dónde van ni para qué.
Y es que no quiero exponerlos, en definitiva, a ningún tipo de daño.
Así y todo, soy consciente que el daño les llegará igual.
Que hasta aquello que guardamos, para proteger, termina desgastándose.
Pero pienso también que acelerar ese proceso no me corresponde.
Sí, igualito al método de Clark Kent.
Igualito salvo que yo no me pongo la capa ni los calzoncillos sobre los pantalones.
Igualito salvo que yo no revelo mi fuerza.
Y es que confunde, pienso, esa fuerza.
A ustedes y a mí, nos confunde.
Ustedes depositarían la confianza en algo fuera de ustedes mismos y yo me engañaría jugando a ser la solución.
Por eso, Clark Kent.
Tal vez alguien, atento, puede fijarse y descubrirlo, pero nadie lo hace.
Así vivo, entre ustedes.
Soy como Clark Kent.