No son los vecinos.
Es lo que crees, probablemente, pero no son los vecinos.
Escuchas su música, te molestan sus voces y gastas tiempo pensando en por qué no llegaron dos o tres casas más allá.
De cualquier modo, te digo, no son ellos.
No son los vecinos.
Insisto en decírtelo, en voz baja, para que no me veas a mí como uno más de aquel grupo.
Te lo digo por eso, en parte, pero también para que termines de descubrirlo tú mismo y enciendas esa frase, desde dentro, como una luz.
No es que con eso se arregle nada, por cierto, pero al menos puedes ver más claro y enfocas mejor el problema.
O no el problema, necesariamente, pero aprecias mejor el paisaje, quiero decir.
Y es que no son solo los vecinos.
Hay una gran serie de cosas, situaciones o personas que tampoco lo son.
No es el clima, no es el trabajo ni el estado de las cosas.
No es la ciudad, tampoco, ni mucho menos los vecinos.
Respira hondo y hasta llora un poquito, si quieres.
Al final, casi siempre hace bien.
No hay zombies saliendo de debajo de tu piel.
Tal vez los arrancas, simplemente, demasiado pronto.
Antes de saber si es maleza te pones a desbrozar el jardín, quiero decir.
Y crees que falta algo.
No son los vecinos, te digo.
No lo son.