miércoles, 6 de mayo de 2026

Grave.


I.

Vemos en las noticias una nota sobre una chica coreana que batió el record Guinness de mascar por más tiempo el mismo chicle.

No decimos nada, mientras vemos la nota.

Nada sobre la nota, me refiero.

Luego tampoco, por cierto, y así hasta que termina el día.

Evitamos el tema, supongo.

Igual no es grave.


II.

Días después, mientras cenamos me quedo pensando, no sé por qué, en la chica coreana y su chicle.

En los años que pasó con él, me refiero, dentro de su boca.

Ella me mira mientras pienso en ello y estoy seguro que sabe en qué estoy pensando.

Como dejo de comer cuando pienso, la comida se me enfrío un poco.

Da igual, me digo.

Tampoco es grave.


III.

Esa misma noche, según recuerdo, pensé que estaba bien saltarse lo menos grave.

Eso pensé, pero igual sentí que había algo malo en todo eso.

Lo malo de todo esto, me dije, es que lo grave es en el fondo tan grave, que al final no sé si vale la pena hablarlo.

Ni como queja siquiera, sé si vale la pena.

No puedo solucionarlo y ya está.

Puede ser terrible e indignante, es cierto, pero ya está.

No es como con el chicle que puedes sacarlo de tu boca o como la comida fría que puedes volver a calentarla.

Lo grave es tan terrible que te paraliza de otra forma.

Según recuerdo, ella estaba a mi lado cuando pensé eso, mirando una serie humorística.

Noté que parecía más seria, incluso, en las partes chistosas.

Debe estar pensando en otra cosa, me dije.

Etcétera.

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