-Lo que pasa –me dijo-, es que la gente olvida lo que es y comienzan a vivir así sin más. Sin levantar el ancla, digamos.
-¿Sin levantar el ancla? –pregunté-
-Es una forma de decir –me explicó-. Imagina que somos barcos o algo así… pues antes de navegar hay que levantar el ancla, ¿no crees?
Yo no creía, en realidad, pero asentí.
-Igual no es que no lo hagan a propósito –dijo ahora-. De hecho, casi ninguno sabe que tiene ancla. Además, como no ven con claridad bajo el agua no saben siquiera que el ancla existe. Creen que la vida es así, simplemente… más difícil, más pesada, que uno no puede llegar a ningún sitio…
-¿Es como andar con el freno de mano? –pregunté.
-No –me dijo, algo molesto-. O sea, puede ser, de cierta forma… pero eso es más vulgar y básico. Además, la palabra freno confunde si lo explicas así. Me refiero a que el ancla te da estabilidad, en el fondo, te protege de los movimientos externos, pero todo solo desde un punto que además es en gran medida ajeno a ti… o sea, hay una cadena que une, es cierto, pero no está en ti… El freno de mano sí es parte, digamos…
-Entiendo –mentí.
Luego, siguió con sus teorías de mierda, mientras lo arrastraba la corriente.